martes, 27 de septiembre de 2016

la nieta de la bruja 3




A la noche la bruja no tardó en quedarse dormida.

Estaba limpiando la chimenea de la cocina cuando en la puerta de castaño de la casa sonaron dos golpes secos de la aldaba.

Fue abrir la puerta para ver quien podía llamar.
Ante de ella estaba una señorita con la cara llena de viruelas. Se veía bastante en apuro, y miraba constantemente para atras a un coche, con tres pasajeros en su interior, que desde dentro vigilaban atentamente lo que pasaba.

- Buenas - saludó la joven - soy profesora en el colegio al que va su nieto
- Aja.
- Vera, hemos venido yo y otros tres profesores, que no se atreven a salir del coche, por que su nieto dijo que iba venir usted y nos iba a echar un par de maldiciones.
- Eso son cosas de niños.
- Es que al salir la directora del recinto del colegio ha chocado con su coche de frente contra un camión y esta viva de milagro.
- Eso fue de casualidad, ya vera como no vuelve a pasar.
- Claro, pero dígale a su nieto que en el comedor, cuando no quiera beber la leche no incite a sus compañeros, para que no perdamos autoridad el profesorado. Que no podemos hacer la vista gorda con todos los niños.
- No se preocupe, ya hablo yo con él y no volverá a pasar.

La bruja nunca había sido buena comedora y recordaba en su sueño cuando era niña y la castigaban en la escuela unitaria por no querer tomar el tazón de leche en polvo,que le daban en la escuela a cada niño, en la España de la posguerra.

Despertó después de sonar varias veces la aldaba del portalón de la entrada de la casa.
- ¡Ya va! – gritó desde la habitación.
No tardó en bajar a abrir la puerta.

- Caramba, que sorpresa.
- Hola mama. Venía hacerte una visita.

Hacia tiempo que no venía a verla su hija, y apenas se comunicaban por el teléfono
negro, que estaba sobre la pequeña mesa del pasillo de la entrada de la casa.


Estuvieron un rato en la cocina sentadas alrededor de una taza de café, al terminar la hija le ayudó a recoger la cocina, y despues continuaron con la casa.
Después la hija le ayudó a recoger un poco la casa,
 y mientras la hija le ayudaba hacer la cama la bruja le dijo hija podrías venir conmigo a la huerta que necesita algo de limpieza.

En la huerta había unas tomateras, lechugas, acelgas, patatas. Un caseto de piedra cubierto de hiedra donde había un criadero de conejos, y el gallinero. Y varios árboles frutales; entre todos ellos destacaba un viejo guindo, de hojas oscuras, robusto y alto

Allí era donde la hija de pequeñita había encontrado un trasno, que había sido su compañero, escondido durante varios años debajo de unas tablas de su habitación.

Estuvo un rato musitando unas palabras llamandole.

La hija entró en el gallinero desde donde parecía que se le oía hablar sola, mientras la bruja limpiaba sus sembrados y escardaba las hierbas de la huerta alrededor de las acelgas.

A terminar la tarde las dos se despidieron.

- Nosotras hemos vivido bien siempre sin hombres - dijo la bruja, tal vez dolida por haber perdido a su hija cuando se hizo mayor - primero te casas, y ahora tu vas tener un niño; cualquier dia desaparecemos todas las mujeres sin dejar el menor rastro de nuestra familia.

- ¿ Y si es niña a pesar de todo?.

Un brillo cristalino iluminó los ojos negros de la anciana.

- Mama, te deje la cesta de huevos preparados para cuando vayas mañana a la feria - le dijo la hija con un abrazo de despedida.


- A ver si te vuelvo a ver antes de que te pongas a parir.





mvf.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

la nieta de la bruja 2






La hija de la bruja había nacido bienaventurada en la cocina y cualquier receta que hacía en sus marmitas se convertía en un manjar exquisito. Este raro don le conllevó muchos quebraderos de cabeza dentro de su familia hasta que finalmente, pensando en que lo mejor era la felicidad de la hija, la bruja accedió a que su niña abriera un restaurante de carretera.

Los sesos de cordero rebozados, el corazón de ternera, la lengua estofada o el hígado encebollado, se convertían, con su manita de santa, en manjares para los paladares más exquisitos y por eso no tardó mucho tiempo en tener el mejor restaurante de la comarca;  y al mediodía, incluso desviándose de sus rutas varias decenas de kilómetros, se juntaban para comer allí todos todos los camioneros y viajantes que operaban por la zona.

El restaurante estaba situado al lado de la carretera, cerca de un robledal, con una explanada enfrente donde podían aparcar espaciosamente mas de cincuenta vehiculos de todas las dimensiones.
Todo estaba preparado en la cocina y en los alrededores empezaba a oler la grasa quemada de la carne en la brasa.

Las primeras mesas comenzaron a llenarse y las dos camareras, que tenía contratadas para servir a los clientes, danzaban de un lado a otro, cuando la hija de la bruja desapareció para atender una llamada telefónica.

Los clientes, acostumbrados a ver a la jefa, con el mandil tapando su tripita, preguntando a unos y a otros lo que iban a comer; dando instrucciones a la cocina y ordenando a las camareras que fueran sirviendo aquí, o retirando los platos vacíos allá; enseguida se extrañaron de no verla corriendo por entre las mesas y comenzaron a preguntar: - ¿qué había ocurrido, donde se había metido la jefa?

Por más que preguntaron nadie logró descubrir el motivo de su desaparición.

Ese día no fue lo mismo.

Al llegar a casa por la tarde, después de cerrar el restaurante, la hija de la bruja se metió en su habitación, se tiró encima de la cama, y entre sollozos y tras mucha insistencia de su marido aclaró que le llamaron de la clínica para darle el recado de que la doctora había dicho que no iba tener una niña, si no un niño.

Como la hija no quería llamar a su madre para explicarle lo ocurrido, al anochecer su marido llamó a su suegra, la bruja, para contarle lo ocurrido y decirle que había que ir a la tienda y cambiar el carrito rosa que había comprado, que no podía ser de color rosa para un niño.
Esa noche la hija de la bruja no paró de llorar, incrementándose su llanto cuando su marido le dijo que tendrían que cambiar la habitación y los juguetes que habían pensado comprar para la niña; por que a ella no le gustaban los juguetes de niños, aborreciendo especialmente los balones de futbol, y las espadas.

Al día siguiente la bruja bajó al pueblo para ir a la tienda donde había comprado el carrito de bebe. Al entrar, un niño que probaba un patinete corriendo de un lado al otro de la tienda, se dio de frente contra ella; sus padres cogieron de la mano al niño y sin atender a las protestas de su hijo, salieron de la tienda aterrorizados al reconocerla.

La dependienta, una joven menudita, morena y muy sabidilla, así que la vio ya sabía para que venía la anciana.

- ¡Los encargos no se pueden devolver! - le dijo sin darle tiempo a acercarse al mostrador para decir lo que quería.

La dueña, que desde una ventana que tenía en su oficina podía ver todo lo que ocurría en la tienda, había visto toda la escena y para evitar males mayores apareció en el mostrador para ayudar a la infeliz dependienta.

 - Hija no ves que esta señora es clienta de la tienda y hay que ayudarla en todo lo que se pueda.

La bruja le contó lo ocurrido y que venía a cambiar el carrito de bebe que compró, por un carrito para niño.
- ¿ No ves que ella no te pide una devolución, que lo que quiere es cambiar la comprar por otra? - inquirió la jefa a su empleada.
- Pero...
- Ni pero, ni nada, tu vete hacer otra cosa que ya me yo de todo.

 Así que la dueña sacó todos los catálogos con carritos para  niños, de la tienda, hasta que finalmente la bruja dio con lo que buscaba: un carrito de color azul oscuro como el brillo del pelo del lobo negro, bajo la luz de la luna llena en las noches de invierno.
Y después de pagar una pequeña diferencia, se aseguró, como en la anterior vez, que el carrito estaría dentro de 13, días, ni más ni menos; para que viniera a recogerlo su hija.

De regreso a casa la bruja echaba sus nuevos cálculos:

su nieto nacería el seis de enero, el día de los reyes magos, y sería entonces un poderoso brujo que aterrorizaría a toda la comarca.


mvf.

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