miércoles, 30 de octubre de 2013

la creacion según el sisa




Querida madre:

  Como pronto va ser el dia de la madre los padres del colegio nos han mandado hacer regalos para llevar  a nuestras madres cuando fueramos a casa.
Yo les dije a los padres que apenas iba a casa así que me animaron a que escribiera una carta diciendome que te la harían llegar para hacerla feliz ese dia.

Aqui hay mucho trabajo, pero no es como en casa que todos tienen que trabajar en el campo y con los animales; y cuando no tienen nada de eso tienen que recoger y arreglar los caminos y las vallas, cuando no, tienen que arreglar los tejados de la iglesia o de la casa parroquial. Aqui a veces tenemos tiempo para pensar.
Hace dias  estuvimos leyendo un libro sobre la creación; y los padres nos enseñaron que dios creo a los animales marinos y a las aves el quinto dia, y que el sexto dia dios creo a todos los animales que hay sobre la tierra desde los insectos, reptiles mamiferos y al hombre.

Madre, yo estuve pensando que nosotros, que somos hechos a imagen y semejanza de dios, podíamos comer hierba como las ovejas y así no tener que matar animales para comer. Y hablé de ello con el padre amapola. Al padre amapola le llamamos así porque todo el mundo se duerme en su clase.

El padre me escuchó atentamente cuando se lo pregunté; pero el padre me dijo que si los hombres también comieramos hierba como las ovejas haría falta entonces el doble de hierba.
Asi esta bien que nosotros comamos los animales que se alimentan de la hierba, y ademas nos dan su lana para abrigarnos o la leche para poder fortalecer los huesos, por que al comerlos hay más hierba y los hacemos más felices mientras viven. Y así los pobres no tienen comida, ni tiempo para descansar y tener banquetes y  bailes como los ricos, porque de otra manera no podrían soportar la falta de comida y la miseria; y  haría falta el doble de comida.


mvf









martes, 22 de octubre de 2013

Sonata para Elisa.





Anocheció. La luna está llena. El aire frío de la noche que baja de la montaña nos da en la cara. Cerca nuestra se ve la hierba que nos rodea y que se sacude en las perneras de nuestro pantalón; más alla hay un campo recien segado, y las montones de la hierba apilada que han dejado los segadores en el sitio a secar. Recortado en el claro de la luna vemos la silueta de un roble centenario desde el que se oye el ulular de un ave nocturna. Giramos alrededor nuestra y podemos ver, no muy lejos de nosotros, atrapada en la oscuridad, una casa grande de señores rurales gallegos.
A través de los cristales de la casa se ven las luces encendidas, y se puede vislumbrar el cuerpo de algunas personas que se mueven en el interior.
Dentro de la casa alguien toca el piano, y unas personas a su alrededor escuchan atentamente la música. El salón está iluminado con candelabros de plata y mientras la gente no pierde atención de los movimientos del pianista, Abelarda, conteniendo la respiración para no hacer ruido, esta sirviendo el té a los señores de la casa y sus importantes amistades que  han venido de la capital  a pedirle a Don Sebastián que diera un escarmiento de una vez, porque han pedido a don Agustín una contribución para la bandera de la falange  y don Agustín les ha enviado una saya negra y raída.
La música es la sonata para Elisa de Beethoven. y el pianista hace correr sus manos sobre el teclado y sonríe a la anfitriona.  Elisa la mujer de Don Sebastián está distraída de las miradas que se le hacen al galope sobre las notas, su instinto le dice que esa música no se compuso para ninguna Elisa; y aborrece cuanto hay a su alrededor, y a su marido que la ha traído a vivir el campo, y maldice el tiempo que lleva tratando de darle un hijo.
Mientras tanto Don Sebastián, indiferente a los pensamientos de su esposa, no para de mirar para la Abelarda, y cuando esta se retira  con la bandeja de plata y la tetera ya vacía, se dice para si, - voy meter un niño entre las piernas de esa niña.



mvf.

lunes, 14 de octubre de 2013

el cielo azul rojizo profundo y misterioso






El abejorro se pone los dedos frente a sus ojos, pulgar e índice. Los dedos se separan y se aproximan levemente mientras aguza la vista en señal de un complicado calculo.
- Supongamos que el diámetro de una canica de barro es el dé… aproximadamente el de un garbanzo del caldo del mediodía ...  En el comedor podemos calcular el diámetro. Y con la formula del volumen de la esfera, que nos explicó el otro día el padre, y dividiendo con el resultado la capacidad del tarro ... obtendríamos el numero de canicas que hay en el tarro donde el padre guarda las canicas que nos quita.- le susurra el abejorro al sisa.
El sisa -  ¿ Tu sabes la formula ?.
Abejorro - ¡ No !.
 - Yo pienso que en un vaso bien cabrían unas doscientas canicas de barro - le responde en voz bajita el sisa, sentado en el pupitre a la misma altura del abejorro, pero del otro lado del pasillo.
Es más facil calcular por vasos de garbanzos.
- El diámetro de una canica es el de ... hum ... - vuelve a insistir con los dedos frente a sus ojos el abejorro -  Un centímetro y algo.
- Abejorro, parece que se queda uds. dormido. - dice el padre, que está sentado en su mesa de profesor leyendo un libro de pastas negra, mientras vigila a los niños del estudio.
- No, padre - le responde Abejorro.
El sisa guarda un rato de silencio al ver que ahora los ojos del padre, por encima de sus gafas, dirigiendo su mirada hacia él, le están vigilando.
- ¡Padre!.¿ puedo afilar el lápiz ? - pregunta el sisam alzando su voz por encima del silencio de la clase.
El padre le asiente con la mirada y vuelve continuar la lectura de su  libro. 
El sisa se levanta de su pupitre; sale al pasillo y camina en dirección al afilalápices que esta atornillado encima de la mesa del profesor. Introduce el lápiz por la boca del sacapuntas y empieza a girar una pequeña manilla con la que se movían sus cuchillas. Y el lápiz fue menguando bajo las cuchillas, mientras el sisa no quitaba la vista del tarro que había encima de la mesa del profesor.

Ya está. -  dijo el sisa. Apenas quedaban dos centímetros de lápiz.
- Vuelva a su sitio - le respondió el padre
De regreso, al pasar a su lado, el sisa le da una colleja al abejorro.
- ¡ Hay !.- exclamó al recibir el golpe de la palma de la mano en su cuello.
- ¿ Que le ocurre abejorro ? - preguntó el padre levantando la vista de la mesa mientras sus gafas se mantenían en equilibrio apoyadas sobre la punta de la nariz.
- Nada padre,- respondió el sisa por el abejorro - que sin querer le di un pisotón  porque su pie salía de debajo de su pupitre.
- Póngase bien abejorro;  y Vd. Sisa siéntese de una vez en su pupitre y no haga más ruido que molesta a sus compañeros.
 El sisa insiste en sus cálculos. - El frasco de las aceitunas de don Abelardo es de dos litros y así aproximadamente estará lleno algo mas de litro y medio.  Ósea que habrá casi unas 1600 canicas, arriba o abajo. Digo yo.- le dice el sisa al abejorro.
Abejorro agacha su cuerpo aproximándose sobre la mesa y con la cara mirando para el sisa exclama  - ¡ Tantas !. ¿ Tu estas seguro ?.
- Seguro. Imagínate. A mi solo el otro día me quitó sesenta y seis canicas por llegar tarde al aula que se alargó la partida. – Le responde el sisa. 
- ¡ Fiuuuuuuuu ... !-  exclama el abejorro.
- Pero ya he recuperado cuarenta y siete  - le aclara el sisa . 
Se oye un grito, y un trozo de tiza lanzado por el padre, vuela en dirección a su cabeza - ¡ Sisa no moleste a su compañero ! -  Al cabo de unos instantes de silencio, el padre cierra su libro y continua diciendo -  A ver sisa salga Ud. al encerado y dígame cuanto le dan dos y dos y fíjese bien que operación aritmética usa, que de lo que Ud. diga depende que no suspenda.
 En el colegio, cuando ya han terminado las clases, aún quedan en el aula los niños que están castigados con el estudio; fuera los otros niños están jugando al guá;  un juego que consiste en hacer un hoyo en la tierra para después por turnos ir metiendo unas pequeñas bolas de barro dentro; se trataba de sacar,  cada uno con su bola,  las de los demás, ganando las que se sacasen o perdiendo las propias si se falla. 

 El sol de marzo derretía el cielo azul en un rojizo profundo y misterioso atardecer, mientras las temperaturas del invierno empezaban a dar paso a la primavera. 



mvf. 


Ensayo sobre la novela de Adelaida

 Ensayo, sobre la novela de Adelaida. Adelaida quería ser monjita evangelizadora en el amazonas y cuando en el colegio de hermanas rel...