martes, 31 de diciembre de 2013

Esa noche




Don Sebastián tuvo una hermana que murió de unas fiebres desconocidas, en los cincuenta, sorprendiendo a todo el mundo. Cuando le dieron la noticia a don Sebastián empezó a jurar y blasfemar, y a dar gritos y golpes contra las paredes y los muebles, como un poseso, produciendo un gran pavor entre sus familiares que se habían juntado para darle la mala nueva; dado que sabían de los fuertes lazos que le unían con su hermana.

En la misa del funeral por la hermana, allí estaban todos de pie, graves, silenciosos;  mientras ella, en su caja, permanecía inmóvil con su piel blanca como la nieve. La difunta había sido vestida, por deseo de su hermano, sin que nadie le llevase la contraria, con el vestido blanco de novia con el que él la había llevado al altar el día de su boda para ser entregada a su futuro marido.
La gente iba pasando y dando el pésame y don Sebastián rompió a llorar con el corazón roto de dolor. Fue la única vez que la gente pudo decir que don Sebastián tenía corazón.
El marido de la difunta, encumbrado por su cuñado había sido un prometedor teniente de la guardia civil hasta que cayó en deshonra en el cuerpo. Había certificado la muerte de un buscado bandido republicano que merodeaba por la sierra de los Ancares. Después de una reyerta de la guardia civil con los maquis; suponiendo que habían dado muerte al perseguido, llamaron a la hermana del bandido, para que viese el cadáver y lo reconociese. La hermana a ver el error de la guardia civil certificó pícaramente, a sabiendas de que no era él, que el difunto era su hermano.
Al correr la noticia de la muerte del famoso perseguido todos los participes en la batida, incluyendo a sus superiores,  fueron felicitados y recompensados por su logro hasta que se descubrió el error; entonces todas las burlas y las iras cayeron, cebándose, sobre el teniente.  El teniente agraviado, juró por su honor que no pararía hasta dar caza y captura al bandido; desde esas se obcecó endiabladamente en encontrar y dar muerte al bandido, escondido por la sierra de los Ancares;  pero no pudo cumplir su promesa pues fue muerto de un tiro a bocajarro, en otra reyerta contra los maquis, cerca de las minas de Villablino, un pueblo de León.
Tras la muerte de su cuñado Don Sebastián visitaba a su hermana y su sobrino todas las semanas llevándoles regalos. Hasta que la muerte de la difunta cogió de sorpresa a todos.
Al entierro asistieron mucha gente importante de la nueva España. Faltaron la gente humilde y entre ellos los caseros; no porque no tuvieran cabida en la Iglesia, ni su sentimiento por el dolor de su amo fuera menor, que el de las gentes que asistieron,  sino porque de aquellas no se les permitía a los humildes estar presentes en los momentos en que todos nos igualamos, como aquel ante la muerte.
Después de las exequias y que toda la gente importante se había marchado, de regreso a sus casas,  el matrimonio y los criados se fueron a la cama. 
En la casa de don Sebastián eran las doce de la noche y ya hacía rato que se había hecho el silencio. En la obscuridad las lagrimas de don Sebastián volvieron a brotar sin parar. 
Esa noche, don Sebastián, cuando todos se habían dormido, entró sigilosamente en la habitación de Abelarda, la criada, para buscar el placer de hacer un nueva vida después de sentir el dolor de la muerte.


mvf.
 


lunes, 23 de diciembre de 2013

Feliz navidad y tal ...






La navidad es una cosa que me repugna. Para mi pasan los días del año y llegan los de navidad como pasan las horas sin enterarte y de repente suena el despertador para levantarte a trabajar.

Suena el despertador -  tienes que sacar el brazo de debajo de las mantas, con lo calentita que se está en la cama, para morirte de frio - y le das con la mano al pulsador. El despertador sonará después de otros cinco minutos más ... ..

Suena el teléfono. El teléfono no tiene pulsador de otros cinco minutos más; se inventó en una época que era todo un lujo su adquisición y a nadie se le ocurrió que podría querer no cogerse.
Y así por ejemplo está una en el aseo haciendo sus abonos y ...
 - Si alguien después de leer estas palabras se le ocurre alguna idea lucrativa para resolver este problema que recuerde que se inspiró en una idea de marise -  es decir si inventas algo gratis para los demás, me hace feliz que lo use todo el mundo, pero si desarrollas una actividad comercial y tienes que pagar a hacienda yo también quiero robar un trozo de tu sudor.
 Como íbamos diciendo: suena el teléfono y te levantas muerta de frio en camisón para descolgarlo. - En la habitación hay un teléfono supletorio encima de un mueble grande, con cajones, donde guardo las camisas y la ropa interior. El teléfono encima de la mesilla de la cama haría parecer el dormitorio un centro comercial- . Al otro lado del hilo se oye una voz.
La voz es de mi madre: - ¡mariseeeeeee llega la navidad! Me tienes que comprar unas cuantas cosas
- Mi madre me lo pudo haber dicho ayer a la noche pero le gusta el dramatismo.
Y mientras tratas de no perder el calor de tu cuerpo apretándote los brazos contra ti misma, empieza la retaila…
Acuérdate de comprar ...
Turrón del blando y del duro, mazapán, polvorones, garrapiñadas …
Aún no he despertado. Me duele la cabeza.
 y no te olvides…
y tienes que traer ...   el bacalao…  - aquí es lo que se lleva-
y no te olvides del CHAMPAN

Maldición: - ¡ ESTOY DE BURBUJAS HASTA EL MOÑO!

El Lunes Negro de 1987,
 yo siempre he odiado todos los lunes

La burbuja bursátil mundial de octubre de 2008.

La burbuja puntocom

La burbuja inmobiliaria.
LA BURBUJA de la deuda ENERGETICA
¡ ODIO LAS BURBUJAS!.

A lo sumo si algo bebo yo en navidad es una copita de sidra de ese chico tan mono que tiene una gaita en las manos.  Eso y ver la abeja maya, que la han repuesto en you tube, me resarce de las navidades .
Seguro que se me olvida algo.

Le devuelvo el telefonazo a mi madre para preguntarle. Ella está despierta – venganza-  pero seguro que mi padre está durmiendo y después lo tiene que aguantar.
 - ¡ Mama! ¿ Hay leche de soja en casa ?
Madre de marise: - ¡Claro marise! ¡ Hay leche de soja y zumo de vaca !




Bueno amigos que tengais un añazo , lo otro vendrá después
Un abrazo a todos y todas los que me leeis y en especial a los del canal irc poesia
sin los que no podría vivir sin darles la vara.
mvf.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

marcelino pan y vino






A primera hora de la tarde, después del comedor, todos los alumnos del seminario menor salían a correr y a jugar en el recinto cerrado de los exteriores del colegio, hasta la hora de ir a clases por la tarde. - estos exteriores del edificio eran los opuestos a los del  lateral en que estaban las huertas, los establos y otras dependencias y que estaban incomunicados -.
Ese día no había clases, y a las cuatro tenían una película de cine.
Al aproximarse la hora todos fueron llamados por el silbato del padre prefecto y los niños echaron a correr regresando de nuevo al interior del edificio por una puerta lateral, corriendo por un pasillo de piedra, para juntarse en un patio en el interior del edificio donde formaban habitualmente, colocándose cada cual en sus filas por edades y clases, esperando el momento para entrar al cine.
Ya habían entrado todos los niños y en el exterior, ahora sin un alma, se adueñó un ruido a vació.
Una vez habían formado en sus filas todos los niños, hasta los más rezagados,  no tardó en abrirse la puerta de la entrada de la sala de cine. Un olor penetrante les dio de lleno en las narices a los más próximos a la puerta.  El interior de la sala olía fuertemente a melisa, pues don Galvino, después de que Martinuka estuviese limpiando el polvo de las butacas,  había pulverizado horas antes un
ambientador, con un tubo largo con un embolo rematado en un bote, para que el lugar no oliese a cerrado.
Los niños empezaron a entrar, descendiendo ordenadamente por el pasillo del cine hasta el patio de butacas  y así según iban entrando desde el patio de butacas para arriba se iban sentando, en las hileras de butacas que había a los lados del pasillo, hasta completar el llenado del local.
 Mientras algunos niños se empujaban y se peleaban para sentarse unos juntos con los otros. El sisa se había sentado en el medio de la tercera fila, entre sus compañeros de clases.
Sisa -  ¿Quien es Marcelino? 
Niño 1º- Es un niño huérfano...
Niño 2º - ¿ Pero tu no vistes la película ?. 
Sisa – Yo no; es la primera vez que vengo al cine.
Niño 2º- Yo ya la he visto tres veces.
Niño 3º ( Arrimándose desde el asiento de la fila de butacas de atrás ):
 - Chist ... es la historia de un niño huérfano ... que se llama Marcelino. 

El padre prefecto que vigilaba todo desde el patio de butacas, al entrar la última fila de niños, mandó hacer silencio y  anunció el titulo y el comienzo de la película, que apenas se oyó con tanto barullo.
Sisa - ¿Que dijo?
Niño 3º (  haciendo un embudo con las manos, con forma de megáfono,  y apuntando a la cabeza del sisa  ) :
- ¡ M  A  R  C  E  L  I  N  O     P  A  N    Y    V  I  N  O !
 Entonces, el padre prefecto,  levantando la mano dio una señal a don Galvino, que estaba pegado a las puertas de la entrada del cine. Al verlo este tocó un pulsador escondido haciendo sonar un timbre, y las cortinas del cine empezaron a recogerse y a dejar al descubierto una pantalla grande de lona blanca estirada en un bastidor metálico por unas cuerdas entrecruzadas que se apretaban para mantener la lona tensa y sin arrugas. Mientras tanto don Galvino cerraba las puertas de la entrada y corría unos cortinones que había para que los que quisiesen entrar o salir, pudieran hacerlo sin dejar pasar la luz . 
Cuando ya estaban recogidas las cortinas y descubierta toda la pantalla; desde el patio de butacas llegó otra señal a don Galvino que volvió a tocar otra vez el pulsador, esta vez dos toques.
Mientras se apagaban las luces de la sala, quedando todo a oscuras, desde un ventanuco pequeño que había en la pared de la entrada salió un rayo de luz acompañado de un ruido de carraca.
Sisa - ¿ Y si en clases le pongo pan a jesucristo en la cruz?
Niño 2 º - ¿Que dices?.
Niño 1º - Si haces eso el padre mano te mete una hostia...
Niño 2º - Ya veras la película y lo entenderás
Sisa - ¿ Y el vino de donde lo saca ?.
Niño 3 ( desde detrás ) - Lo robaría en la sacristía como hizo el monaguillo para probarlo él y sus amigos.
Sisa - Pero eso es pecado mortal
Niño 2º - Si pero no se muere. Tu, aún, no lo comprendes ya veras la película. ¡Y cállate por favor, que nos van a tirar de las orejas!. 
Ya  en  la oscuridad, con la luz de una linterna, don Galvino remataba a los niños que continuaban hablando a oscuras, mientras el haz de luz cambiante empezó a estrellarse convirtiéndose en imágenes contra la pantalla. 
Niño 3º (levantándose desde atrás, aprovechando la oscuridad, para hablar en el oído del sisa. ) 
 - Sisa. ¿Y al final sabes cuantas canicas hay en el tarro de cristal?
Sisa - Está claro, 1577
Niño 2 - ¿Y como lo sabes?
Sisa - No sé.
El haz de luz de la linterna de don Galvino ilumina al sisa y sus amigos.
 Don Galvino - ¡Psssttttttttttttttt. callaros de una vez!. ¡Que va empezar la película!

Sisa  ( a sus compañeros )
         - ¡Q  U  E   O  S   C   A   L   L   E   I  S !. 
Como me castiguen por vuestra culpa  os vais enterar.





mvf.-



martes, 3 de diciembre de 2013

el reloj dorado 2.







Aquella mañana el ovejero, el abuelo del sisa, bajó a la feria para vender algunos corderillos con tres meses de vida, la edad mejor para que la carne este tierna y blanda para los asados. Después de la venta se dirigió a la casa del administrador de las tierras para hacer cuentas. Allí le dieron la noticia de que las tierras y las casas en las que vivían habían cambiado de manos, y ahora el nuevo amo parecía ser un importante falangista de la capital.
 Cuando subía de regreso para la casa por el viejo camino de tierra, marchaba lento, pensativo con la nueva noticía, caminando con su burra cargada de simiente y algunos aperos que había comprado. 
 Un movimiento entre las zarzas del camino y asomó la cabeza un conejo; olisqueó el aire con su húmedo hocico, entonces dio dos saltos y ya estaba en medio del camino de tierra. Desde allí miró para el hombre y su animal, mientras estos subían por el camino en su dirección y cuando ya se aproximaban a tiro de una piedra, se dio la vuelta y saltando se volvió a internar en la espesura de la zarza.
 Cuando llegó a la casa ya había pasado el mediodía, dejó las simientes y los aperos, en el pequeño huerto que tenía al lado de la vivienda, para la mujer; y después fue abrir a las ovejas, más de cuarenta cabezas que esperaban ansiosas en su corral,  cogió la burra y llevó a los animales a comer al monte.
 La vida de los caseros seguiría igual que siempre, simplemente que ahora en vez de don Agustín seguiría siendo el amo don.
 Mientras los animales comían la hierba y los brotes tiernos de los arbustos, el ovejero se sentó dentro de un refugio que tenía construido de piedra para los dias de lluvía, o para los dias de sol como el que hacia esta tarde. De un bolsillo de su pantalón saco un pañuelo cuidadosamente doblado y desenvolvió sus puntas descubriendo una piedra aplanada, redonda y pulida de río, atada a un cordón de los zapatos, que estaba detalladamente dibujada con sus manecillas, y pintada a su alrededor como un reloj dorado de bolsillo. Entonces se la llevo al oído, y mientras cerraba sus ojos para oirlo mejor, el reloj de piedra hacía tic-tac en su oído. 
El ovejero sabía bien a que hora salía el sol y a que hora se acostaba a lo largo del año. Sabía cuando crecía la luna para hacer injertos o para recoger frutos; y cuando menguaba para sembrar o para podar. Sabía cuando abría sequía o cuando vendrían las lluvias con solo mirar el vuelo de los pajaros. Nadie sabía de donde venía, nadie recordaba quien le había puesto un nombre, ni cual era su nombre de pila, ni cuantos años tenía. Era uno de los hombre de las tierras. Había sido parido en los montes y se había criado con las ovejas. Era el ovejero.



Un mañana llegó un coche arrastrando tras de si una gran polvareda. Un hombre bajó, y gritó: - ¡ Yo soy don Sebastián ¡

Con las manos detrás de la espalda esperó, caminando en círculos y dando patadas en la tierra, hasta que se formó un pequeño corrillo de hombres, niños y mujeres alrededor de él.

- ¡ Y desde hoy estas tierras y todo lo que hay en ellas son mías ¡
Dicho esto volvió a montar en el coche y marchó llevandose con el la polvoreda detrás. 

Después de la partida los hombres, mujeres y niños volvieron cada cual a lo suyo. Solo eran los braceros y sus familias con el derecho a la vivienda y al escaso fruto de su trabajo que les permitía vivir, sin poder escapar de su destino, en las tierras de Labregos;  y como afortunadamente ninguno de los caseros había tenido hijo en edad de filas, para estar reclutado sin querer en el bando perdedor, nadie les podía reprochar nada.


mvf.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

El reloj dorado






Mi madre a la hora de comer me tiene contado muchas cosas de familia. Por ella sé que mi bisabuelo nació en algún lugar de Montana, el 25 de junio de 1876; el mismo día que el general Custer murió en la batalla llamada la gran trompetilla, para los americanos:  Little Big Horn. La madre de mi bisabuelo trabajaba en una tienda improvisada dentro de una caravana cuando se había desatado la fiebre del oro; y como allí todos eran buscadores de oro, mulas y caballos, y la que sería mi tatarabuela, ella decidió ponerse a vender lo que mejor tenía. Así pues, yo tuve un tatarabuelo que habría sido un buscador de oro de los muchos que habían invadido los territorios sagrados de los indios de Montana, lo cual había sido el motivo por el que se produjo la gran guerra con la nación india.
 Como aquello no daba para vivir y mi tatarabuela ya tenía vendido todo lo que tenía, y lo poco que obtenían los buscadores de oro preferían gastárselo en  whisky; aprovechando una caravana de mujeres, mi tatarabuela se trasladó con su hijo para el estado de Dakota del sur donde esperaba hacer mejor negocio aprovechando que allí no la conocía nadie.
Mi madre decía que allí, mi tatarabuela, después de vender la tienda y la caravana, había encontrado un buen trabajo en una casa de señoras respetables donde conoció a Juana Calamidad. y a Wyatt Hearp que las venía a visitar a veces. Con el tiempo Juana Calamidad empezó a tratar a mi bisabuelo como si fuera su tía, y así, aunque yo nunca creía a mi madre mientras trataba de meterme en la boca la cucharada de comida, mi bisabuelo también había sido sobrino de Wild Bill Hickok del cual Juana Calamidad no paraba de hablar que se habían casado antes de que este muriese de un balazo en la cabeza, por una disputa acaecida en una partida de poker. Wild Bill Hickok tenía una mano con dos ases y dos ochos, quedándole aún por coger la quinta carta y esa mano quedó con el nombre de la mano del muerto.
Posteriormente se trasladaron a Kansas, donde mi bisabuela, con todo lo que había aprendido ya sobre los hombres pretendía hacer mucho dinero, porque en Kansas había muchos vaqueros y ganaderos, pero allí falleció de unas fiebres en la famosa ciudad conocida como Kansas City. Cuando esto ocurrió mi bisabuelo ya había cumplido los veinte años. Huérfano marchó con una familia de emigrantes criadores de ovejas, que recién había conocido antes de morir su madre. Casó con una hija de ellos, con la que tuvo un hijo, el que sería mi abuelo . No se sabe bien el motivo por el que mi bisabuelo y su familia terminaron por marchar de Kansas.
Mi abuelo vino a la tierra de su madre, aprovechando la venida a España, en apoyo de la segunda Republica, durante la Guerra Civil, del Batallón Abraham Lincoln ,  como uno de los voluntarios provenientes de Estados Unidos, que participaron en las Brigadas Internacionales. Llegó a España en 1936 y se concentró, junto con otros brigadistas en Gerona, donde no tardó en desaparecer, por el motivo de que sus compatriotas se burlaban de él llamándole galleguiño.. Desde allí, caminando siempre al Oeste, en media guerra civil española , terminó llegando a Galicia, la tierra de sus ancestros; donde los pocos familiares que quisieron creer en su historia le encontraron trabajo cuidando las ovejas de Don Agustín.

Cuando falleció mi abuelo en el año 1943 el cura no quiso que lo enterrasen en campo santo junto con sus familiares, porque era republicano, y lo tuvieron que enterrar en una cuneta sin que se sepa muy bien el lugar donde está.

El único recuerdo que queda de mi abuelo es un reloj dorado que nunca funcionó. De pequeñito mi madre me lo dejaba coger y mirar como se movían las pequeñas manillas; y me lo ponía en la oreja, para que oyera el tic-tac de su pequeño corazón; a cambio de que pudiera meterme una cucharada de comida en la boca.

Yo no comía, aunque era el mas raquítico siempre fui él único de los niños que ganaba en casa a la hora de comer.



mvf.

martes, 12 de noviembre de 2013

El mapa de España. la partida de abejorro




Bajo el mapa de España, que colgaba en la pared, se sentaba el padre mano en su silla detrás de la mesa del profesor, una mesa de madera de nogal. El lugar era como una fortaleza inexpugnable, vista desde el lado de los alumnos. 
En el otro extremo de la misma pared había otro mapa; el mapa mundi, y entre el medio de los dos un crucifijo negro separaba aunando a su manera las dos realidades geográficas.
A veces los niños llevaban rosas, y subiéndose en una silla las ponían debajo de los pies al cristo; algunos estampaban un beso en sus pies, para humanizar la crucifixión de ese cristo de hierro y madera que colgaba en la pared.
Las dos realidades eran bien diferentes. Una, la España que quedaba a su derecha, grande y libre,  tenía esa libertad que daba el seguir las sagradas escrituras y la obediencia al caudillo de España; y estaba llena de montañas y ríos que teníamos que saber a golpe de regla.
La otra, la que quedaba a la izquierda del cristo, estaba llena de tierras de aventuras esparcidas por lo largo y ancho del mundo: donde los más capacitados y valientes marchaban en misiones para navegar por el amazonas arriba, o se adentraban en la selva africana navegando en canoa por el río congo en busca de pueblos perdidos que no conocían la palabra de dios y que seguramente para nada habían visto, ni sabían, lo que era un misionero español . 
 Aunque no conseguíamos entender como se podía meter, sin que sobrara mapa, todo lo que cabía en el mapa plano y rectangular que estaba colgado en la pared, en una esfera que a veces nos traían a clases; el mundo era un lugar ancho y grande donde cabían todos los sueños:
Los misioneros iban buscando niños que no sabían leer ni escribir ni sabían siquiera lo que era ir vestidos.
Los soldados iban salvando a la gente de la gente mala, hijos del diablo y de color rojo, que les querían hacer daño y especialmente llevarlos al infierno.
Las enfermeras, con sus manos llenas de calor, que curaban más con una caricia que con una medicina ...
Así todos queríamos ser soldados y estar malheridos para ser socorridos por una enfermera que sin lugar a duda, ante nuestros ojos, era la chica más hermosa del mundo.

Al padre mano le gustaba que los niños se sentasen en sus piernas y les acariciaba y los llenaba de besos.
A veces los castigaba frente al crucifijo, y les hacía poner los brazos en cruz con  unos libros en las manos, o les ponía una pinza en la lengua, mientras está caía de la boca entreabierta.
Cuando el niño finalmente lloraba desconsolado, porque la fatiga y el dolor había podido con su cuerpo, mostrando piedad por su dolor les mandaba levantar y los sentaba en sus piernas, entonces los apretaba contra su cuerpo y los besa y llenaba de caricias.

Aquel dia, le había tocado a Abejorro. No recuerdo el motivo, ni siquiera recuerdo que lo hubiera habido, pero el padre mano castigó a Abejorro a mantener con su nariz una perra chica pegada en la pared* asi se llamaba la moneda de cinco céntimos de las antiguas pesetas.
Cuando Abejorro finalmente no podía más, el padre mano le pidió que abandonase su castigo y mandó que se acercase a él y se sentará en sus piernas. Allí estábamos todos, celosos del lugar que ocupaba Abejorro, expectantes, suplicantes de las caricias llenas de ternura del padre mano, pero cuando el padre mano intentó acariciarle abejorro le dio una torta en toda su cara.
 Todos nos quedamos con los ojos abiertos al ver lo que había ocurrido, mientras Abejorro se escapaba de las piernas del padre mano, que permanecía inmovil sorprendido, y echaba a correr para volver a sentarse en la silla de su pupitre. Era el único refugio que tenía.
El padre mano abrió su libro de cuentas y todos empezamos a recitar la tabla.
Siete por cinco treinta y cinco; siete por seis treinta y seis; siete por siete cuarenta y nueve... y mientras cantábamos la tabla nuestros cuerpos se balanceaban de un lado a otro suavemente como las espigas de trigo nuevo del campo.
Después del recreo no volvimos a ver nunca más a abejorro. El rector, enterado de lo ocurrido, había mandado llamar a los padres de abejorro para que vinieran a buscarlo porque era seguro que el niño no tenía, ni tendría vocación para terminar cogiendo los hábitos.
Los padres de abejorro no tardaron en venir a buscarlo, y pidieron hablar con el padre mano. Pero el padre mano rehusó dar cualquier explicación. Solo dijo que abejorro, era un niño muy noble. 




mvf.

miércoles, 30 de octubre de 2013

la creacion según el sisa




Querida madre:

  Como pronto va ser el dia de la madre los padres del colegio nos han mandado hacer regalos para llevar  a nuestras madres cuando fueramos a casa.
Yo les dije a los padres que apenas iba a casa así que me animaron a que escribiera una carta diciendome que te la harían llegar para hacerla feliz ese dia.

Aqui hay mucho trabajo, pero no es como en casa que todos tienen que trabajar en el campo y con los animales; y cuando no tienen nada de eso tienen que recoger y arreglar los caminos y las vallas, cuando no, tienen que arreglar los tejados de la iglesia o de la casa parroquial. Aqui a veces tenemos tiempo para pensar.
Hace dias  estuvimos leyendo un libro sobre la creación; y los padres nos enseñaron que dios creo a los animales marinos y a las aves el quinto dia, y que el sexto dia dios creo a todos los animales que hay sobre la tierra desde los insectos, reptiles mamiferos y al hombre.

Madre, yo estuve pensando que nosotros, que somos hechos a imagen y semejanza de dios, podíamos comer hierba como las ovejas y así no tener que matar animales para comer. Y hablé de ello con el padre amapola. Al padre amapola le llamamos así porque todo el mundo se duerme en su clase.

El padre me escuchó atentamente cuando se lo pregunté; pero el padre me dijo que si los hombres también comieramos hierba como las ovejas haría falta entonces el doble de hierba.
Asi esta bien que nosotros comamos los animales que se alimentan de la hierba, y ademas nos dan su lana para abrigarnos o la leche para poder fortalecer los huesos, por que al comerlos hay más hierba y los hacemos más felices mientras viven. Y así los pobres no tienen comida, ni tiempo para descansar y tener banquetes y  bailes como los ricos, porque de otra manera no podrían soportar la falta de comida y la miseria; y  haría falta el doble de comida.


mvf









martes, 22 de octubre de 2013

Sonata para Elisa.





Anocheció. La luna está llena. El aire frío de la noche que baja de la montaña nos da en la cara. Cerca nuestra se ve la hierba que nos rodea y que se sacude en las perneras de nuestro pantalón; más alla hay un campo recien segado, y las montones de la hierba apilada que han dejado los segadores en el sitio a secar. Recortado en el claro de la luna vemos la silueta de un roble centenario desde el que se oye el ulular de un ave nocturna. Giramos alrededor nuestra y podemos ver, no muy lejos de nosotros, atrapada en la oscuridad, una casa grande de señores rurales gallegos.
A través de los cristales de la casa se ven las luces encendidas, y se puede vislumbrar el cuerpo de algunas personas que se mueven en el interior.
Dentro de la casa alguien toca el piano, y unas personas a su alrededor escuchan atentamente la música. El salón está iluminado con candelabros de plata y mientras la gente no pierde atención de los movimientos del pianista, Abelarda, conteniendo la respiración para no hacer ruido, esta sirviendo el té a los señores de la casa y sus importantes amistades que  han venido de la capital  a pedirle a Don Sebastián que diera un escarmiento de una vez, porque han pedido a don Agustín una contribución para la bandera de la falange  y don Agustín les ha enviado una saya negra y raída.
La música es la sonata para Elisa de Beethoven. y el pianista hace correr sus manos sobre el teclado y sonríe a la anfitriona.  Elisa la mujer de Don Sebastián está distraída de las miradas que se le hacen al galope sobre las notas, su instinto le dice que esa música no se compuso para ninguna Elisa; y aborrece cuanto hay a su alrededor, y a su marido que la ha traído a vivir el campo, y maldice el tiempo que lleva tratando de darle un hijo.
Mientras tanto Don Sebastián, indiferente a los pensamientos de su esposa, no para de mirar para la Abelarda, y cuando esta se retira  con la bandeja de plata y la tetera ya vacía, se dice para si, - voy meter un niño entre las piernas de esa niña.



mvf.

lunes, 14 de octubre de 2013

el cielo azul rojizo profundo y misterioso






El abejorro se pone los dedos frente a sus ojos, pulgar e índice. Los dedos se separan y se aproximan levemente mientras aguza la vista en señal de un complicado calculo.
- Supongamos que el diámetro de una canica de barro es el dé… aproximadamente el de un garbanzo del caldo del mediodía ...  En el comedor podemos calcular el diámetro. Y con la formula del volumen de la esfera, que nos explicó el otro día el padre, y dividiendo con el resultado la capacidad del tarro ... obtendríamos el numero de canicas que hay en el tarro donde el padre guarda las canicas que nos quita.- le susurra el abejorro al sisa.
El sisa -  ¿ Tu sabes la formula ?.
Abejorro - ¡ No !.
 - Yo pienso que en un vaso bien cabrían unas doscientas canicas de barro - le responde en voz bajita el sisa, sentado en el pupitre a la misma altura del abejorro, pero del otro lado del pasillo.
Es más facil calcular por vasos de garbanzos.
- El diámetro de una canica es el de ... hum ... - vuelve a insistir con los dedos frente a sus ojos el abejorro -  Un centímetro y algo.
- Abejorro, parece que se queda uds. dormido. - dice el padre, que está sentado en su mesa de profesor leyendo un libro de pastas negra, mientras vigila a los niños del estudio.
- No, padre - le responde Abejorro.
El sisa guarda un rato de silencio al ver que ahora los ojos del padre, por encima de sus gafas, dirigiendo su mirada hacia él, le están vigilando.
- ¡Padre!.¿ puedo afilar el lápiz ? - pregunta el sisam alzando su voz por encima del silencio de la clase.
El padre le asiente con la mirada y vuelve continuar la lectura de su  libro. 
El sisa se levanta de su pupitre; sale al pasillo y camina en dirección al afilalápices que esta atornillado encima de la mesa del profesor. Introduce el lápiz por la boca del sacapuntas y empieza a girar una pequeña manilla con la que se movían sus cuchillas. Y el lápiz fue menguando bajo las cuchillas, mientras el sisa no quitaba la vista del tarro que había encima de la mesa del profesor.

Ya está. -  dijo el sisa. Apenas quedaban dos centímetros de lápiz.
- Vuelva a su sitio - le respondió el padre
De regreso, al pasar a su lado, el sisa le da una colleja al abejorro.
- ¡ Hay !.- exclamó al recibir el golpe de la palma de la mano en su cuello.
- ¿ Que le ocurre abejorro ? - preguntó el padre levantando la vista de la mesa mientras sus gafas se mantenían en equilibrio apoyadas sobre la punta de la nariz.
- Nada padre,- respondió el sisa por el abejorro - que sin querer le di un pisotón  porque su pie salía de debajo de su pupitre.
- Póngase bien abejorro;  y Vd. Sisa siéntese de una vez en su pupitre y no haga más ruido que molesta a sus compañeros.
 El sisa insiste en sus cálculos. - El frasco de las aceitunas de don Abelardo es de dos litros y así aproximadamente estará lleno algo mas de litro y medio.  Ósea que habrá casi unas 1600 canicas, arriba o abajo. Digo yo.- le dice el sisa al abejorro.
Abejorro agacha su cuerpo aproximándose sobre la mesa y con la cara mirando para el sisa exclama  - ¡ Tantas !. ¿ Tu estas seguro ?.
- Seguro. Imagínate. A mi solo el otro día me quitó sesenta y seis canicas por llegar tarde al aula que se alargó la partida. – Le responde el sisa. 
- ¡ Fiuuuuuuuu ... !-  exclama el abejorro.
- Pero ya he recuperado cuarenta y siete  - le aclara el sisa . 
Se oye un grito, y un trozo de tiza lanzado por el padre, vuela en dirección a su cabeza - ¡ Sisa no moleste a su compañero ! -  Al cabo de unos instantes de silencio, el padre cierra su libro y continua diciendo -  A ver sisa salga Ud. al encerado y dígame cuanto le dan dos y dos y fíjese bien que operación aritmética usa, que de lo que Ud. diga depende que no suspenda.
 En el colegio, cuando ya han terminado las clases, aún quedan en el aula los niños que están castigados con el estudio; fuera los otros niños están jugando al guá;  un juego que consiste en hacer un hoyo en la tierra para después por turnos ir metiendo unas pequeñas bolas de barro dentro; se trataba de sacar,  cada uno con su bola,  las de los demás, ganando las que se sacasen o perdiendo las propias si se falla. 

 El sol de marzo derretía el cielo azul en un rojizo profundo y misterioso atardecer, mientras las temperaturas del invierno empezaban a dar paso a la primavera. 



mvf. 


lunes, 30 de septiembre de 2013

El invierno y la primavera





El invierno había sido uno de los más fríos y duros de los que la gente mayor decía haber conocido. Hubo fuertes heladas que congelaron los ríos y las charcas llegando a escasear el agua para que el ganado pudiera abrevar. El frio dio paso después a intensas lluvias desde mediados del mes de febrero hasta casi comenzar el mes de mayo; llovió tanto que los rios rebosaron sus cauces y  las aguas terminaron por anegar los campos ahogando cualquier cosa que se hubiera sembrado en la tierra. Cuando parecía que podía mejorar el tiempo, al llegar el mes de mayo, una invernía cargada de nieve y frio sorprendió a todos, quemando las yemas y las flores de los árboles frutales, y el invierno se prolongó casi hasta el final del mes de junio, que fue seguido con un verano lleno de lluvias y tormentas.
Aquel año las tierras de labradío quedaron sin dar sus frutos y el ganado mermo, diezmandose sus posibles crias, de tal manera que acabo en una hambruna tan grande en Galicia, que obligó a muchos campesinos a vivir de la mendicidad y de la caridad de las familias más pudientes. Muchos hijos y padres tuvieron que abandonar sus casas y sus seres queridos para emigrar a otras tierras.
Fue entonces que después de pasar tantas penurias y morir los abuelos, tras mucho rogar,  la madre de Abelarda consiguió que su marido fuera hablar con don Agustín para pedirle que se hiciera cargo de su hija, porque no tenían que llevarse a la boca.
La niña, en la casa de don Agustín, tendría de comer y de vestir mientras que en su casa habría un boca menos que alimentar.
Y así Abelarda creció en la casa grande sirviendo a la ama; una hembra vasca, señora ruda y corpulenta, que había parido tres hijos como robles.
Abelarda, cuidaba las gallinas, ayudaba en la cocina, hacía las camas, servía en la mesa…  y todo parecía que se iba componiendo bien para todos.
Un día llegó una noticia en la casa. Abelarda sirviendo en la mesa se extrañó de lo que hablaban los señores en el comedor, que parecía preocupar a don Agustín.
Pero cuando comían en la cocina, lo que se había traído de vuelta del comedor, la cocinera se lo explicó: un general se había sublevado en el protectorado marroquí y había llegado a España con un ejército de moros.
Comenzó la guerra en España.
Un día la ama llamó a Abelarda a su habitación; y sentada frente a la coqueta de su dormitorio, mirándose al espejo le mandó que la peinara.
Le mesó el pelo a su ama, en su habitación cuando le había llegado noticias de que uno de sus hijos había muerto en la guerra civil luchando en el bando republicano en el frente del Ebro.
Aunque unos días antes un dolor de madre, que sintió en su vientre la ama, le había dicho que uno de sus hijos había muerto y que nunca más le volvería a ver.

Le mesó el pelo en su habitación cuando tuvo noticias de que otro de sus hijos había desaparecido en Extremadura.
Con su rostro compungido la ama volvió a llamar a su criada: - ¡ Abelarda, niña, ven ¡ .
 Ese dolor de madre, le volvió a producir más dolor.
Encima de la coqueta había un sobre abierto y una carta de un amigo de su hijo.
El hijo de la ama  fue sacado por la noche de la casa en que dormía y muerto de un tiro en la nuca junto con unos campesinos que gritaban porque no era de ellos la tierra que habían trabajado sus padres, y antes de ellos los padres de sus padres ...  Su cuerpo yacia en una cuneta olvidada en un pueblo de Extremadura.
Abelarda pasaba el cepillo por el pelo largo, fino y encanecido, mientras su ama , rota de dolor se miraba, sentada frente al espejo de su coqueta.

Ya había acabado la guerra cuando el ama volvió a llamar a Abelarda para que la peinara de nuevo en su habitación.
El último de los hijos del ama estaba prisionero y hacia trabajos forzados en el valle de los caídos, pero había muerto de unas fiebres.
Abelarda volvió a peinar a la ama. Pero la ama había envejecido y enfrente al espejo de su coqueta había otra mujer, que ninguna de las dos reconocía ahora.

Y con el tiempo,  mientras servía a la ama, Abelarda se fue convirtiendo en una mujercita alta y linda.
Abelarda volvió junto a sus padres, porque don Sebastián había reclamado a sus padres, a la hija de los caseros, cuando estos y sus tierras pasaron a sus manos; para que fuera doncella de su mujer,  Elisa.


mvf.

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lunes, 16 de septiembre de 2013

El infierno.





Al mediodía don Galvino llevó a los niños a la cocina. La cocinera, una señora alta y corpulenta de Samos, un pueblo de Lugo, al verlos entrar en sus dominios, mientras giraba un cazo en el interior de una olla que había encima de una enorme cocina de leña, les gritó algo que los niños no llegaron a entender.
Don Galvino, sin prestarle mucha atención a los gritos que les mandó la cocinera, le dijo que traía a los niños, que habían sido sus ayudantes durante toda la mañana, y ahora había que darles de comer.
La cocinera chascó sus dientes en señal de aprobación, y les mandó que se sentaran en un banco; enfrente a un mesado de mármol que rodeaba la vieja cocina de hierro, donde comían los hombres y mujeres que trabajaban en el colegio cuando habían comido todos en el centro.
Aunque la conversación aparentemente había sido inentiligible, se podía haber resumido en un levantar el cazo la cocinera, girarlo dos veces en el aire con ademán de disgusto contra don Galvino, para después apuntar con el cazo al sitio donde debían sentarse los niños que traía antes de tiempo a comer.
 Una vez que salió don Galvino, la cocinera, con similares ademanes del cazo, apuntando aqui y halla, mandó a una ayudante que les pusiera unos platos para que los niños comieran primero y no tuvieran que esperar. La ayudante no tardó en acercarse a ellos y ponerles unas gachas con tocino y unos huevos fritos. Los niños nunca habían comido nada igual, porque la comida estaba recién hecha, y mientras todo el mundo daba vueltas con su trabajo en la cocina, se lamieron y relamieron de felicidad como nunca hasta ahora habían podido hacer.
Cuando los niños terminaron de comer empezó a venir la gente que trabajaba en el centro, sentándose alrededor de la cocina;  entonces a los niños, que permanecían sentados frente a sus platos vacios, los mandaron para fuera, para que pudieran jugar mientras los trabajadores del centro comían.
Ya pasaban de las cuatro de la tarde cuando todo el mundo había rematado de comer y  poco a poco se iban levantando para volver cada cual a realizar sus trabajos. Pero durante ese tiempo el padre rector había hablado con don Galvino y le había dicho que los niños tendrían que continuar su castigo por la tarde. 
Don Galvino apareció con dos calderos con los que el sisa y el abejorro tenían que transportar; desde una enorme montaña de antracita próxima a la entrada del centro por las huertas, donde descargaban los camiones el carbón; todo el carbón que cupiese en la carbonera donde estaba la caldera. Y mientras llegaban hasta ellos los gritos de sus compañeros jugando en los campos del colegio, y el asa del caldero terminaba por llenar de callos la palma de las manos a los niños, así fue pasando la tarde del sisa y el abejorro cargada con la penitencia del padre prefecto.
Al anochecer cuando apareció don Galvino, para encender la caldera, los niños habían terminado su tarea. Desde allí fueron de nuevo directamente a la cocina donde les dieron unos tremendos vasos de leche con galletas que había hecho durante la tarde la cocinera para el desayuno del domingo de los curas.
Al terminar el sisa y el abejorro subieron a sus dormitorios y se ducharon. Por más que se frotaron no pudieron sacar el carbón que se había metido en sus uñas.
Después de ducharse, con su cuerpos rendidos y magullados de penitencia y contrición, marcharon a sus dormitorios para dormir.



A medianoche cuando el vigilante nocturno hacia su ronda, abrió la puerta del dormitorio del sisa, y como todos los días pregunto:
- ¿ Hay alguien despierto?.
Una voz respondió: - ¡ No ! .
Durante un instante la luz de la linterna se mantuvo encima de la cama del sisa. Al cabo de un rato el ojo de la luz se apagó; se cerró la puerta del dormitorio y el vigilante siguió su ruta.
Esa noche el sisa soñó si acaso en el cielo abría una calefacción que estaría alimentada por una enorme caldera que existía en el infierno y que ella misma debería dotar de agua caliente al cielo también. Y así pensaba como sería la caldera del infierno.

En el cielo san pedro y los niños buenos se bañarían con agua caliente y así como tenían que bañarse en la eternidad, la piel de todos se acababa volviendo blanca y sus cabellos rubios; y todos eran iguales en el cielo vestudis con sus telas blancas.

Y que en el infierno pasaba justo lo contrario. El infierno era negro de tanto humo y carbonilla, y mientras sus habitantes se pasaban todos los días atizando las calderas y quemándose con el fuego eterno, sus cuerpos se volvían todos negros, empezando por sus uñas; y sus ojos se acababan volviendo rojos de tanto escozor que producía el hollín en los ojos...


 mvf.

Ensayo sobre la novela de Adelaida

 Ensayo, sobre la novela de Adelaida. Adelaida quería ser monjita evangelizadora en el amazonas y cuando en el colegio de hermanas rel...