martes, 25 de diciembre de 2012

el regreso 11

El capitán gruñía por tener que estar al frío, a altas horas de la noche, en la cubierta, mirando toda la operación. Tenía un viejo mapa, de origen desconocido, oculto en un bolsillo de su chaqueta, y en sus intenciones estaba el marchar, sin más tardar, rumbo a las islas tropicales; para él le estaban haciendo perder el tiempo, y deseaba que se los tragase el océano a todos. Sin parar de gruñir le hizo una seña al erizo y llevó a nuestro amigo a un camarote de proa, proximo al puente de mando. Una vez dentro, del interior de un mueble, sacó dos vasos y una botella de ron; bajo la atenta mirada de su loro, que subido a su hombro no quitaba ojo de la bebida, llenó de liquido los recipientes y después de cogerse él, uno de los vasos, le ofreció el otro al erizo para que bebiese y entrase en calor con el alcohol.
El erizo, no podía faltar a la hospitalidad marina y de un solo trago vació el vaso, pero la bebida le amargó la garganta, porque nuestro amigo no acostumbraba a beber aguardiente de caña; entonces, salió del camarote yendo a asomarse por la borda para ver el trabajo que iban haciendo.
El submarino emergió lo suficiente para abrir una compuerta por la parte posterior, donde habían estado las puertas de atrás de lo que había sido anteriormente un vehículo. Y mientras los marineros del barco empezaban a bajar la mercancía, que habían venido a recoger nuestros amigos, y se iba distribuyendo en el interior del sumergible siguiendo las instrucciones de la rusa, a fin de conservar la estabilidad del sumergible. El erizo llamó a su hermano, cienfuegos, para que subiese y trajese con él una botella de licor café.
Regresando al camarote, junto al capitán del barco, los dos hermanos le ofrecieron que probase el liquido de la nueva botella . Y mientras intercambiaban los marineros sus bebidas, en el mini submarino, se terminaba la operación de distribución de las cajas con su misterioso contenido.
No tardó en vaciarse la botella de nuestros amigos, y la conversación entre ellos y el capitán se había animado bastante, cuando un marinero del barco abrió la puerta del camarote y les dijo que ya habían terminado.
Entonces nuestros amigos se despidieron para regresar a su navío.
La rusa terminaba de supervisar las baterías y los motores eléctricos, por si tenían necesidad de ir de regreso los veinte mil metros bajo el mar, cuando regresaron los dos hermanos.
El capitán, que por efecto del licor, había mudado su opinión sobre ellos salió para despedir a sus amigos, y desde la borda les dijo que esperaba verlos de nuevo algún día con una caja de licor café, deseándoles, ante el estupor de su tripulación acostumbrada a sus gritos y malos modos, buena suerte y que no se hundieran en medio del mar.

Los marineros empujaron el sumergible con unas pértigas para separarlo del casco del barco, y nuestros amigos no tardaron en alejarse y comenzar su regreso.

El loro, después de recibir un manotazo del capitán, para que dejara de meter el pico y mojarlo en el licor café, en el vaso que aún llevaba en la mano con restos de bebida, se había encaramado nuevamente en el hombro de su dueño, y mientras desaparecían en la noche, después de dar unos chasquidos con su pico, les despidió con la siguiente canción :

Quince hombres en el cofre del muerto…
¡Ja¡ ¡Ja¡ ¡Ja¡ ¡ Y una botella de licor café ¡.


Eran casi las cuatro de la noche cuando en la lejanía se comenzó a ver una luz que fue en aumento. La luz giraba como una espada segando la obscuridad; era la del faro que les serviría de guía, para su regreso.
Como calculan los marinos expertos en las cosas del océano, el horario de partida y de regreso, se había hecho coincidir con las mareas, de tal manera que si las aguas de la bajamar, en su ida al océano, les había facilitado la salida de la ria, ahora la pleamar les facilitaba el regreso con la entrada de nuevo de las aguas al interior de la ria; esta vez a la playa que habían elegido para descargar la mercancía y donde el furgo les estaba esperando con una camioneta.
Ya estaban entrando en la ria cuando se metieron dentro de un banco de niebla. El erizo asomaba la cabeza por la escotilla, de repente el viento cambio y el banco de niebla se hizo más espeso. Al cabo de un rato, sin apenas visión dentro de la niebla, oyeron el sonido de los motores de una embarcación, y ruidos y voces de hombres gritando. Nuestros amigos decidieron navegar silenciosamente con los motores eléctricos para pasar desapercibidos. El erizo se metió dentro y decidieron cerrar la escotilla y sumergirse para pasar cerca de la otra embarcación, que pensaban que sería de la guardia civil, que estaría patrullando por la costa.

Ahora navegaba silenciosamente, con los motores eléctricos, … Ya llevaban quince minutos, y cuando calculaban que habían pasado, dejando atrás la otra embarcación, se dieron cuenta que está había girado y ahora parecía perseguirles por encima de ellos; de repente la onda de una explosión en el agua sacudió el submarino, después vino otra más fuerte.

Nuestros amigos se asustaron y la rusa, abriendo unas llaves, llenó de agua los depósitos, para descender a más profundidad y salvar la situación, pero se produjo nuevamente una tercera explosión y el sumergible se fue al fondo de la ria, a unos veinte metros de profundidad.

- Si salimos de esta vamos comprar un santo nuevo para la iglesia -, gritó el erizo.
 y su hermano asintiendo con él, le decía haciendo alusión a la situación : - ¡ si, y ha de ser un santo bien milagrero ! -

Habían sido hundidos en medio de la ría, confundidos con un banco de sardinas, por una embarcación que pescaba con dinamita. 



;)

lunes, 17 de diciembre de 2012

el viaje en el mar 10


Cuando la rusa y los hermanos de la batea habían entrado en el interior del minisubmarino, el  furgo, que quedaba en tierra, manipuló un mecanismo y entonces el navío comenzó a deslizarse por la pendiente de la rampla de madera, que habían construido, para meterlo en el agua.
A medida que el minisubmarino iba entrando  se fueron produciendo suaves ondas en el agua que se alejaban distanciándose por la superficie, haciendo bailar el brillo de la luna en la ria.
Entonces cuando había terminado completamente la improvisada botadura, la rusa asomó por una escotilla que montada en la parte superior de la nave, y le hizo una seña al furgo  de que todo estaba bien, despidiéndose de él, después se introdujo de nuevo en el interior del navío, cerrando la escotilla. En un instante comenzó un suave traqueteo, del motor de gasóleo que habían instalado para navegar en la superficie, y la nave comenzó a moverse.
Durante algunos momentos los murciélagos, en su persecución por los insectos nocturnos, trazaron círculos en sus vuelos tomando como referencia la parte que asomaba de la embarcación y los árboles que escondían el improvisado embarcadero de los ojos ajenos. Los círculos de los vuelos aumentaron a medida que la embarcación se separaba de la orilla y la distancia se iba haciendo mayor, hasta que llegado un momento los murciélagos y su chillidos desaparecieron dejando a la nave sola con el ruido de su motor, que aprovechando la salida de las aguas de la ría en la bajamar era rápidamente arrastrada hacia el océano.
La danza de las estrellas acompañaba el vaivén de las olas. El frio se acompañaba con el silencio de la noche. Habían pasado dos horas desde que comenzara la aventura y ya habían perdido el brillo de las luces mortecinas de la costa. Ya estaban en altamar; se silencio el motor y nuestros amigos esperaron a la hora convenida.
Al cabo de un rato pudieron ver una luz que se encendía y se apagaba, era la señal convenida que haría el barco, para recoger la mercancía, que de paso les serviría de guía. Pusieron dirección hacia la luz y reanudaron su viaje. En el silencio de la noche apenas se oía el leve traqueteo del motor de la embarcación y el ruido de agua.
Así que se fueron aproximando al barco pudieron leer su nombre en la proa: el barco se llamaba la hispaniola.
Cuando se tocaron las dos embarcaciones, una cabeza asomó desde la parte superior del casco del barco, el erizo asomó por la escotilla de su embarcación, y después de darse las señas convenidas alguien les echó una cuerda para amarrar el minisubmarino, y les tiró una escalera. Entonces el erizo, cuidando de no caerse al agua por su pata ortopédica, se encaramó por la escalera de cuerda, subiendo a la cubierta. 
Una vez en el barco un hombre, con un loro encaramado en su hombro izquierdo, que dijo ser el capitán, se le acercó y le saludó diciéndole que no contaba con verles, y que por lo que le habían contado sobre ellos y la idea descabellada del sumergible, esperaba que se hubieran hundido en las aguas del océano.



- Quince hombres en el cofre del muerto…

¡Ja¡ ¡Ja¡ ¡Ja¡ ¡ Y una botella de ron ¡.

 Cantó el loro, garritando con su voz.
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lunes, 10 de diciembre de 2012

la radio 2º - 9




Fuera de la vivienda, el tio avelino terminaba de abrir la alpaca en el establo, y echaba la hierba en el comedero de las vacas. Paró un momento lo que estaba haciendo, y mientras sacaba  su pañuelo del bolsillo trasero del pantalón,  se limpiaba la nariz con el, y después se secaba el sudor de la frente; desde el otro lado de la línea se marcó otro número y empezó a sonar de nuevo, en la radio, la señal de llamada del teléfono. Y hasta él llegó el sonido del teléfono que habia empezado a sonar en la casa; entonces salió corriendo del establo, en dirección a la vivienda, para coger el teléfono y saber quien llamaba. 

La chica de la radio ya se impacientaba y cuando empezaba a pedir que se realizase otra llamada, en la emisora, alguien cogió el teléfono y se escuchó su voz por el otro lado del hilo telefónico.
-¿ diga ?- era el tio avelino que había llegado a tiempo para coger el teléfono.
Locutora - Le llamamos de la radio del programa: " Tiene ud un deseo "* énfasis del nombre programa, - pasan unos segundos de silencio
Locutora - hola ... ¿ tiene ud un deseo ?, ¿ con quien hablo, por favor ?

Tio avelino - ¿ Para que lo pregunta, ?
Locutora - Somos de la radio
Tio avelino - No sé si decirle , es que fui al banco – empezó a explicarle - porque me cargaban un recibo desconocido y me enteré de casualidad que tenía adsl, en la casa; yo  nunca tuve un chisme de esos;  me dijeron que nunca volviera a dar mis datos por teléfono
Locutora ( insistiéndole, tratando de influir con el nombre del medio de comunicación ) - Le llamamos de la radio. ¿ Tiene ud un aparato de radio encendido ?
Tio avelino - si si ...
Locutora - ¿ la tiene ud encendida ?
Locutora - ¿ y no me oye ud ?
Tio avelino – Si, si que le oigo
Locutora , ( gritando, pensando que con quien hablaba tenía algo de sordera ) - ¡ le preguntaba que como se llama ud !
Tio avelino - ¿ quien es ud ?
Locutora – Soy marialusia pajara la locutora del programa : " Tiene ud un deseo " . ¿ No me va decir como se llama ?
Tio avelino* – Soy el tio avelino

Locutora – Como ya conocen nuestros oyentes, desde nuestro programa hacemos llamadas a la gente para ayudarles a cumplir un deseo que tengan .
Tio avelino – aja
Locutora - " Tiene ud un deseo "
Tio avelino – no sé
Locutora – ¿ no tiene ud ningún deseo que querría ver cumplido ?
Tio avelino - pues la verdad es que no se me había ocurrido nunca tener algún deseo
Locutora - bueno piense ud alguna cosa que se le ocurra ahora
( segundos de silencio )
Tio avelino, titubeando - no tengo ningún deseo ...
( otros segundos de silencio )
Tio avelino, exclama de repente - ¡ señorita ... !
Locutora – si, si , diga ... ¿ ya ha pensado ud un deseo ?
Tio avelino - ¿ no podrían cambiar el programa de hora ?
Locutora, exclama sorprendida - ¡ Eh !
Tio avelino – para poder estar con uds con tiempo, porque a estas horas le estoy dando de comer al ganado
Locutora, perpleja - No, eso no puede ser...
Locutora , ( haciendo burla ) - podrían protestar todos los oyentes si cambiasemos de hora el programa
Tio avelino – ¿ y no podrían terminar más tarde ? así tendría tiempo para darle de comer a los bichos y al terminar aún podría estar con uds un rato, y sus oyentes estarían más contentos
Locutora - no , no podemos hacer nada de eso;  la programación la marca la dirección de la cadena, y este es el horario que tenemos.
Tio avelino - ¿ pero no me dijo uds que su programa se llama " Tiene ud un deseo"* imitando el tono del nombre del programa  ?
Locutora , - si - responde, esperando por algo más fácil, que le permitiese salir del apuro.
Tio Avelino: ¿ y no podrían uds cambiarle el nombre al programa ?
Locutora,  ( Se oye la risa de la locutora ) - jajajjajaja
Locutora, ( con voz de resignación ) : - ¿ bueno y que nombre nos pondría uds.  ?
Tio avelino : - ¿ Para que me llaman ?.
Silencio .
Se cuelga el teléfono, enmudece la radio . 

El gallo, a lo lejos - kikirikiiiiiiiiiiiiii : - ¡ que la radio se ha quedado muda !
El tio avelino regresó al trabajo y al terminar decidió que por la noche pondría en el prado el aparato de la radio al jabalí, a ver si los asustaba, porque en su paseo nocturno le asaltaban la huerta y se la dejaban toda llena de hoyos al escarbar la tierra con sus hocicos .



- common creative. 

lunes, 3 de diciembre de 2012

La radio 8

Las cortinas de la ventana abierta se sacudían con el aire.
La radio ya llevaba dando la murga un buen tiempo, pero no había nadie en la vivienda que pudiera importarle; el tío avelino estaba fuera arrastrando una alpaca al establo para darle de comer de comer al ganado.
Al cabo de un rato la radio terminó un programa flamígero de noticias diarias, habitual según la tonica de la cadena,  y entró la emisión de otro programa en antena.

Una nueva música recalcó el cambio de emisión y al terminar
una nueva voz entró en el aire:

Locutora - Buenos días, soy maría luisa pájara.  ¿ Tiene ud un deseo ? .
De nuevo la melodía y el estribillo del programa ... y al terminar la música la voz gritó :
Locutora - Y ahora nuestra primera llamada del día ...

Se oye mientras se marcan los números del teléfono y de seguido se escuchan los pitidos de llamada ; al cabo de un instante se descuelga el teléfono y alguien responde desde el otro lado : 
Oyente - ¿diga ... ?
Locutora - Buenas, soy marialuisa pájara.. ¿ con quien hablo por favor ?
Ahora se escucha una voz apagada; con sonido metálico al hablar desde el teléfono, de alguien que desde su casa saludaba a la locutora.
Después de interesarse por algunas cosas particulares del oyente, se oye la voz de la locutora. marialuisa pájara :
Locutora - Ay, igual que yo – , que le responde, zanjando el aparente interés personal del programa por quien habla al otro lado del teléfono; y después añade continuando con su monótono estribillo - , le llamamos del programa tiene ud un deseo.
Locutora - ¿ Tiene ud un deseo ?* haciendo enfasis al tono del estribillo de la musica. - le pregunta directamente
La radio oyente, al teléfono tarda un poco y le responde :
Oyente - Si, marialuisa pájara , me gustaría que mi hijo encontrase trabajo que el y su mujer, están los dos en el paro, y no llega con mi pensión para ayudarles, ahora ya no me quedan ahorros...

Después de escucharla , marialuisa pájara le habla a su oyente con voz angelical dándole los buenos consejos del programa para alcanzar su deseo y ayudarla en su situación
Locutora - Bueno, ya sabe ud que dios nos pone a prueba y lo dispone todo, que todo lo que pasa es por nuestro bien en esta vida terrenal; pero no desespere; rece ud por su hijo y por su nuera y prontamente ud verá su deseo cumplido. Ya vera que todo se arregla ... ...

El aire seguía entrando por la ventana y sacudiendo las cortinas, pero esta vez la corriente de aire cerró la puerta de la habitación dando un portazo. 


lunes, 26 de noviembre de 2012

El nautilus 7



El sisa pasaba por delante del supermercado cuando ya le quedaba solamente una bolsa de lechugas para repartir . Se detuvo, quitó la lista de la compra de su madre, y despues de unos minutos de reflexión decidió hacer la compra, antes de realizar su última entrega, así al terminar dispondría de más tiempo para parar en el malecón del rio, y sentado en uno de los bancos se echaría con tranquilidad uno de esos cigarrillos suyos. 

Una vez se entraba en el supermercado, y antes de pasar la linea de cajas había unas taquillas para que los clientes dejasen las bolsas y no se metieran con ellas al interior de la tienda debajo de las taquillas había unos ganchos con candados para dejar igualmente los carritos con ruedas de llevar las bolsas de la compra. El sisa  se acercó para dejar su bolsa de lechugas; una vez que metió su bolsa dentro de la taquilla, buscó una moneda para cerrar la puerta del armarito y retirar la llave. La moneda era de cincuenta céntimos  y la había que poner, en el mecanismo de la cerradura de la puerta para poder cerrarla  y llevarse la llave,  pero entre toda la calderilla que llevaba en su bolsillo no había ninguna moneda de cincuenta centimos, y con todas las monedas sueltas le faltaban cinco céntimos para llegar a completar esa cantidad. Así que el sisa dejó su bolsa y se puso a pedir los cinco céntimos, extendiendo la mano a los clientes que iban entrando, para reunir la cantidad; después podría  pedirle a una cajera el cambio por la moneda que necesitaba para poder cerrar la taquilla


- Por favor,  ¿ podría darme cinco céntimos que estoy reuniendo para pedirle a la cajera del supermercado una moneda de cincuenta céntimos para el cajón de la taquilla ? .

La gente le miraba extrañada y se apartaban de él al verlo,  con la mano estirada, pidiendo limosna con semejante estribillo.

No tardó en aparecer  la vigilante * guardia de seguridad,  del supermercado, quien sin mas explicaciones le sugirió que se fuera pedir limosna fuera.

El sisa continuó en la calle en la calle pidiendo a los transeúntes

- Por favor, podría darme cinco céntimos que estoy reuniendo para pedirle a la cajera del supermercado una moneda de cincuenta céntimos para el cajón de la taquilla.

La gente, acostumbrada a que se pidiese en la calle para comprar un bocadillo o una bolsa de leche, se preguntaba si se había vuelto loco el sisa o si se le había ocurrido alguna nueva idea para obtener monedas, de cincuenta céntimos de los transeuntes, en la calle. 


Finalmente una señora canosa con un chaquetón raído, porque conocía a la madre del sisa, le dejó caer unas monedas en su mano . El sisa miró las monedas, apartó los cinco céntimos que le faltaban, para  devolverle a su benefactora lo que le sobraba;  pero la persona ya había desaparecido; había salido apurada pensando que el sisa le iba a reñir por la escasa cuantía de la dadiva, que no llegaba a cincuenta céntimos.
Con la cantidad necesaria, entró en el supermercado y sorteando a la “ vigilanta “ , que se veía con la amoscada,  se dirigió amablemente a la primera de las cajeras, quien le cambió la calderilla por la moneda de cincuenta céntimos.  Regresó de nuevo al taquillero, y al tratar de poner la moneda en el mecanismo posterior de la puerta, la moneda de  cincuenta céntimos se le escapó de entre los dedos y fue a caer dentro de un carrito de la compra que estaba encadenado debajo de su taquilla,  metiéndose por el resquicio de la solaba  superior que cerraba el carrito de la compra.

Por unos instantes se quedó paralizado, hasta que en la mente se le hizo la luz.
- Ya está,  levantaría el carrito en el aire dándole la vuelta y  la moneda volvería a salir por donde entró.

Cuando estaba en la operación,  meneando el carrito en el aire  boca a bajo para que expulsara la moneda,  apareció una señora mayor con un bastón en la mano.  Era la abuela de los de la labrada que salía con la compra para recoger su carrito con ruedas del supermercado. Al ver al sisa , manipulando su carrito como si fuera una hucha para que cayera el dinero, empezó a gritar y vino inmediatamente la vigilanta del supermercado ...

El sisa que ya se había dado cuenta del alcance de su situación salió precipitadamente del supermercado y al cruzar la calle lo golpeó un coche que lo hizo saltar por el aire unos metros cayendo encima del toldo de una cafetería repleta de gente.


A la noche nuestros amigos del clan de la batea, se habían reunido para discutir el asunto; el sisa estaba escayolado en el hospital, con dos costillas rotas, y después de unas deliberaciones acordaron que estaba todo preparado y que  la  tripulación del nautilus  casero serian los hermanos de la batea y la rusa.

El sisa había sido como la botella de champán que se rompe para bautizar el barco nuevo que se hace a la mar, porque las personas como el sisa, que les ocurren todas las desgracias, les protege una fuerza misteriosa por la que siempre, aunque con magulladuras o lesiones,  salen vivos de sus infortunios para poder sufrir la siguiente desdicha.

lunes, 19 de noviembre de 2012

la piruleta 6





Como el sisa estaba todo el día en su casa, su madre le tenía encargado que atendiera la huerta, y la huerta estaba repleta de lechugas. Lo malo que tiene el sembrar lechugas, es que si las siembras todas juntas, te salen todas a la vez* por si algún lector quiere tener lechugas en unas macetas, lo que se hace es echar unas pocas cada semana, y así van saliendo y se van cogiendo las lechugas, con margen de una semana, y se tiene tiempo para comerlas.
La madre del sisa bajó a la huerta y había regresado a la cocina cargada de lechugas para preparar unas bolsas para sus amistades, cuando terminó se puso a mirar las cosas que podrían hacer falta para enviar a su hijo de compras al supermercado. Había decidido aflojar la guardia y custodia maternal a la que tenía sometido a su hijo y que saliese de casa; así podría airearse un poco, y podría regresar todo contento, y riéndose, después de echarse un pitillo o dos, de esos aromáticos que ella sabía que fumaba a escondidas.
La señora estaba en la cocina tomándose una infusión para la taquicardia, cuando apareció su hijo; le saludó con silencio. Al cabo de un rato sin hablar le explicó que tendría que llevar las bolsas cargadas de lechugas y le entregó el papel donde estaban escritos los recados del reparto y una larga lista de la compra para ir al supermercado.
La madre del sisa le oyó cerrar el portón cuando salía de la casa.
Recordaba cuando hace años había llevado a su hijo pequeñito a la fiesta. Habían salido de casa porque alguna de las pocas amistades que tenían había decidido hacer una buena obra en esos días, y no pararan de insistir con motivo de las fiestas patronales en que tenía que dejarse ver y salir con el niño * de aquellas ser madre soltera estaba muy mal visto.
Vinieron a buscarles a media tarde para salir, y después de tomar unos refrescos, en un puesto de la fiesta, decidieron llevar al sisa a montar a los caballitos. El sisa movía las piernas y reía llenó de alegría mientras el tío vivo daba vueltas y el caballito subía y bajaba.
Al terminar le habían comprado una nube de azúcar, que el niño trataba de comer a bocados, con su boca pequeñita, mientras la nube le ocultaba la cabeza.
Iban cogidos de la mano, y pasaban por delante de unas atracciones consistentes en unas barcas, en las que montaban las personas y tiraban de unas cuerdas balanceándose en el aire de delante para atrás como los columpios, cuando vieron un payaso con unas grandes piruletas dulces de colores en la mano, se dirigieron hacía el y cuando estaban a unos pasos, el niño empezó a gritar horrorizado mientras se trataba de ocultar abrazándose a la pierna de su madre.

-     ¡ mama, mama, mama ... , el diablo, el diablo, el diablo ... !

Con los gritos de espanto, las personas que estaban alrededor de ellos se pararon y los ruidos de la fiesta misma se paralizaron en el aire saliendo el silencio en socorro del niño.

El payaso, era una persona de color, al que el niño que jamás había visto a alguien tan negro, con ojos horrorizados, señalaba con el dedo.

La madre se puso todo colorada, porque no sabía como explicar que por las noches le decía a su hijo que si no dormía vendría el diablo, que era negro como un tizón. Y lo llevaría para quemarlo en el fuego eterno por malo.
El payaso, mientras el niño le señalaba con el dedo, se acercó a el, ofreciéndole una piruleta de las que llevaba en la mano.
Entre la piruleta y el diablo, el sisa se decidió por el diablo al que le extendió la mano para irse con el,  llamándole papa.
Y la fiesta continúo de nuevo con las carcajadas del momento.


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martes, 13 de noviembre de 2012

el reloj 5






Morirse es más probable a que te toqué la lotería, pero sin embargo, entre todas las personas hay alguien que consigue que por azar, consecutivamente, uno después del otro le cuadren los números, y acierte por muy difícil que se vayan poniendo las probabilidades.
La probabilidad que te caigas al agua en carrilana, pero además de que te caiga la carrilana encima;  la probabilidad de que hubiese un manzano cerca y no un castaño con el doble de altura, para practicar un salto con paraguas;  la probabilidad de que te muerda una serpiente y está sea venenosa; la probabilidad de que te bajes del coche y tengas un accidente de coche ... y todo ello coincida en la misma persona, va siendo cada vez más pequeña y rayante a lo imposible, pero de todas formas igual que alguien consigue acertar los números consecutivos de la lotería, por muy imposible que se lo pongan, hay personas que consiguen que le pasen todas las desgracias por muy improbable que sea: esas personas son declaradas gafes y todas las personas que le conocen tratan de rehuirle.

Cuando el furgo le dio el recado al sisa, a través de la alambrada de la huerta de la casa y le dijo : - " contamos contigo para hacer un viaje submarino "- ; el sisa no preguntó nada; sabía que no podía fallar a sus amigos y empezó a prepararse concienzudamente en espera del día en que le fuesen a buscar.
Al día siguiente del recado, al mediodía, después de que terminaran de comer, el sisa le dijo a su madre que iba coger el reloj de la cocina y subirlo a su habitación para hacer una prueba. La señora asintió con la cabeza,  y al salir su hijo de la cocina, se puso a recoger la mesa y a meter los platos en el pilón para lavarlos, como hacía todos los dias; entonces le dio por preocuparse para que querría el reloj de la cocina su hijo; se quitó el mandil y subió despacito a la planta superior de la casa donde estaban las habitaciones de la vivienda. Al llegar junto a la habitación de su hijo, esperó un poco para asegurarse que no la había oido subir, entonce comenzó abrir la puerta, sin hacer ruido,  para mirar por el resquicio, y al ver a su hijo tirado en la cama, con la piel de la cara azulada y los ojos vidriosos, mirando fijamente el reloj de pared de la cocina para ver cuanto aguantaba la respiración;  la madre del sisa pensando que a su hijo le había dado algo, entró precipitadamente en la habitación, asió el reloj de la cocina, que descansaba  encima de la mesilla de la cama, y  empezó a darle golpes en el cuerpo para reanimarlo.
La reanimación no tardó en llegar cambiando del color azulado al color amoratado de los hematomas.

lunes, 5 de noviembre de 2012

la reconciliación 4



Eran casi las cinco de la tarde y la abuela de la labrada, la madre de marise y nuestra amiga, ya iban, por la tercera ronda de cafés, de tertulia en la cocina, cuando llamaron a la puerta de la casa.  Marise fue abrir la puerta y allí, esperando fuera, estaba el abuelo de los de la labrada. El abuelo venía recién afeitado. Mostraba, en su recia piel de la cara, dos o tres cortes atestiguando la lucha habida en su faz indómita, labrada con profundos surcos que el sol, el aire de la mar y el frío, ara en los rostros de los campesinos de la costa. Traía puesta una camisa blanca, bajo un viejo jersey de lana azul;  unos pantalones de pana marrón; y calzaba unas botas de cuero de ir  al monte. - Traía, de la ropa, un fuerte olor a detergente, como si todo el conjunto hubiera pasado por  la lavadora a la vez.
Detrás de él, acompañándole, venía la vaca de los de la labrada que le había seguido en búsqueda de su mujer. La vaca mientras esperaba se estaba comiendo mis geranios.
-  Buenas -, dijo el anciano, hablando suavemente con su voz ronca. - está tu padre, venía a preguntarle si por casualidad estaba mi mujer en su casa .
 En una mano, recordando que alguna vez había hecho la mili, llevaba la boina cogida por abajo, agarrando con los dedos la visera, dejando ver sus uñas recién cortadas ;  y en  la otra mano asía un ramo hecho de margaritas.
Evidentemente nervioso, el abuelo de los de la labrada continuó:  - hubiera venido hacerles una visita acompañado de mi mujer, pero como ella ya había  salido antes de casa, y ya que pasaba cerca me dije que podía aprovechar para venir yo y así les saludábamos los dos.
Las margaritas de la mano comenzaban a axfisiarse, no se sabe si por la tensión de la mano agarrotada o por el calor de la tarde.
Respiró profundamente, tomando aire y arrancó :
- Mira marise, yo no sé si está adela, * adela es el nombre de pila de la abuela de los de la labrada, pero si haces el favor le preguntas si está, y si ella dice que no está, le dices que no me importa esperar fuera hasta que ella diga que ya está.
 La vaca había dejado mis flores en paz y asomaba la cabeza por la puerta mirando para el recibidor.
Yo, siguiendo instrucciones de mi madre para cuando llegase el abuelo de los de la labrada, - mi madre había llamado a casa de los de la labrada para decirle a la hija, que estuviese tranquila que su madre, adela, estaba en nuestra casa - , opté por dejar entrar al abuelo de los de la labrada, y dejar el animalito fuera, que quedó protestando frente a la puerta, con un largo mugido, al no permitirle el paso.  Al entrar el abuelo de los de la labrada. en la cocina de la casa, donde estábamos las mujeres de palique, mi madre le  ofreció sentarse y tomar un café con pastitas; era lo que había. El hombre rehusó permaneciendo de pie porque no estaba presente el varón de la casa; costumbres de la educación de mis mayores.
Mi padre, cuando había llegado la visita, estaba aparcando el coche en la parte de atrás de la casa para que se lo robasen por la noche. La costumbre venía de cuando los hermanos de la batea eran jóvenes  y  le robaban el coche por la noche, para ir a las verbenas de las fiestas, dejándoselo al día siguiente en la parte de atrás de la casa. La primera vez que pasó,  mi padre se puso hecho una furia, y decidió dejar el coche cerrado y  bien guardado en el garaje.-  Muy molesto debía estar porque mi padre no es de los que aparca bien el coche, más bien lo abandona allí donde llega. Pero el coche se lo volvieron a robar igual, y se lo siguieron robando a pesar de todas las medidas que tomaba,  durante todas las noches de verbenas,  y claro no iba a denunciar a la familia.
Una mañana,  al ir a recoger el coche, pudo comprobar que le habían dejado el tanque del vehiculo llenó de gasolina y desde esas fue cuando se estableció una cariñosa relación entre caco y robado.
Como se comunicaban, " los cacos " y mi padre, para saber cuando tenía que dejar el coche para que se lo robaran, era un misterio que ni mi madre había desentrañado aún.

 Así que apareció mi padre, él y el abuelo de los de la labrada, que aún permanecía de pie en medio de la cocina, se saludaron efusivamente dándose un apretón de manos, seguidos de un largo abrazo . Y con los saludos Adela se levantó y acercándose a su hombre, delante de todos los de la casa,  le dío un enternecedor tirón de orejas a su esposo.  Es lo que nosotros entendemos por estas tierras,  como un acto de reconciliación de una mujer con su hombre.

 Después de la reconciliación,  se sentó todo el mundo para tomar unos cafés  juntos, hasta que al cabo de cinco minutos mi padre empezó a bostezar, seguido en el mismo comportamiento por la visita, con cortesía .
 Adela mirando para su  hombre... le dijo : -  ¿ no se te ocurrirá echar la siesta aquí ?
El bostezo es el ecuador de la tertulia, separa a los que abandonan, de los que quedan. Los que se van, generalmente disfrutan de la siesta - lo hacen con el consentimiento de los dejados, para no quedarse dormidos en la mesa - , los que se quedan disfrutan de la tertulia, sin hora ni limites de temas. Se habla hasta que se acaba la cafetera, y se hace café hasta que se agota la conversación.
Déjelos, déjelos...  adela, que están  en su casa - , dijo mi madre , - que vayan los hombres para el salón y ya les ponemos un café allí y nosotras seguimos platicando aquí en la cocina - y a una señal de ella acompañé al genero para el salón y volví para la cocina, diciéndoles que enseguidita regresaría llevándoles el café y una botella de aguardiente.

Mi padre y el abuelo de los de la labrada, se sentaron, uno de cada lado, en el sillón que había para el efecto enfrente de la tele. Y así que se habían arrellenado lo suficiente y puestos cómodos en el sillón,  mi padre le dijo a su invitado:    - tengo aquí benhur  o el puente sobre el rio kwai - , preguntándole cual le gustaría más. Al abuelo de los de la labrada le daba exactamente igual, porque nunca había necesitado de corriente eléctrica para echar una buena siesta.
Siempre ganaba la película de romanos. Apenas hablaron entre sí; no tardó en comenzar la sesión;   así que salió el león de la metro rugiendo, le saludaron nuestros amigos con sendos bostezos, y entre bostezos ...  - esta vez la película parecía interesante , pues los rugidos de los leones comenzaron de inmediato a oírse a pares desde el salón - .Regresé de nuevo con una bandeja, llevándoles los cafés y unas pastitas.

  Viendo como iba la cosa, dejé la bandeja encima de la mesa del salón, y les cerré la puerta al salir .

- ! Marise, que estamos esperando por ti ¡ , ¿ vienes o no vienes ?  - llamaba mi madre desde la cocina. 


Fuera se oyó de nuevo un largo y sonoro mugido de la vaca de los de la labrada.Y yo me pregunté: ¿ si es que la vaca quería tomar también un café y unas pastitas en la cocina, de tertulia con las mujeres; o estaba alarmada por los rugidos de las siesta de los que quedaban en el salón ? .

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lunes, 29 de octubre de 2012

La abuela de los de la labrada 3




Con el cambio de la hora hay mucha gente que no se da aclarado, y pasa unos días si la aguja de las horas del reloj para aquí o la aguja allí; otras no le dan ninguna importancia, o ni se enteran,  hasta que llega el día después y alguien les dice  : - ¿ Marise como te levantas a las siete de la mañana ? .
O bien : - Ya sale tu padre tomar unos vinos con los amigos, ya veras cuando no encuentre a nadie y  se entere que son las tres de la tarde - .
Yo no entiendo porque tienen que andar cambiando la hora, para que después la gente ande los días siguientes descolocada, o malhumorada.

La noche del cambio de hora la compartí con el reloj de la habitación de mis padres, con su cordial y sincero y odioso ... tas, tas, tas ...tas, tas, tas .... tas, tas, tas ...* ya le llamó el yunque del platero.
El reloj se lo regalaron a mi madre. el día que acompañó a mi padre , que es el que está algo sordo, a comprar el pinganillo a la tienda después de conseguirse que fuera a visitar al otorrino.
Mi padre, a parte de la natural sordera masculina a oír lo que se habla sobre las tareas de la casa, siempre hablaba a gritos para que la gente le oyese, y bastaba con oír el claxon del coche, que se hizo instalar en el vehiculo porque pensaba que los demás no le oían, para sospechar que algo iba mal. - es curioso que las personas con audición reducida piensen que los duros de oídos son los demás - .

Por la mañana, cuando me levanté muy malhumorada por el cambio de la hora, decidí hacer algo con el reloj, y se lo expuse a mi madre : - el caso es que esta noche que se atrasaba la hora, con el ruido del reloj, estuve desvelada una hora más .
Entonces fue cuando, entre el amor maternal al reloj o a mi, mi madre accedió a que retirase el reloj de la pared de su habitación, no sin añadir: - pero el reloj funciona marise. algún oficio habrá que buscarle.

La abuela de los labrada había salido de su casa con un carrito de la compra, en donde había metido una poca ropa suficiente para unos días, y sus pendientes de soltera. Llevaba sobre la cabeza, un gorro de plástico marrón oscuro, con alas, del que sobresalía su pelo canoso, que se complementaba con una vieja gabardina oscura y unas botas de aguas. Y mientras tiraba del carrito, y subía por la cuesta del camino, que lleva a la carretera general, dejando atrás la casa, la vaca de los de la labrada que pacía alegremente en un prado, al ver que la anciana iba camino de desaparecer al dar la curva de la cuesta en dirección a la carretera, le dirigió un largo mugido pareciendo querer decir que también quería marcharse con ella.

Al mediodía la abuela de los de la labrada pasó por delante de mi casa y justo me pilló cuando estaba colgando el reloj de la habitación de mi madre, en la huerta,  para que los pájaros no me comieran los membrillos .
- Hola marise - , me dí la vuelta al oír su voz.
Sorprendida, dejé lo que estaba haciendo y me acerque a ella, le dí un abrazó y unos besos, y  me di cuenta que  venía algo malhumorada, lo cual pensé que sería por el cambio de la hora.
- ¿ Quiere unos membrillos ? - le dije
- Gracias marise, pero venía a despedirme que me voy del pueblo, voy pedir el divorcio, que no estoy dispuesta a terminar mi vida oyendo los ronquidos del abuelo de los de la labrada.
Abrí los ojos, sorprendida ,y pensando en lo que podría ser una hora mas de ronquidos por la noche,  sin darle tiempo a que reaccionase ni a que rechazase la invitación,  me puse a gritar:
- ¡ Mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa !
¡ La abuela de los de la labrada que viene a tomar el café !.

lunes, 22 de octubre de 2012

El erizo 2

Cuando nuestros amigos: el furgo, la rusa, el herrero ... llegaron a la taberna de la sagrado, después de su trabajo en el sumergible, y se encontraron al erizo bebiendo con la guardía civil, entraron uno a uno, estupefactos, en la cantina, y se colocaron en la esquina de la barra. Marcelino, el guardia civil, que no perdió ojo de encima de ellos desde que entraron, enseguida hizo señas a la dependienta para que le pusiera una ronda a los nuevos, quienes sin rechistar pidieron cada uno de beber, dandose por objeto de una redada o algo similar; pensando incluso, que el erizo, uno de los hermanos de la batea, que era el homenajeado por la benemerita, había cantado de pleno. 
 Mi tio *, el erizo es cojo, desde el tiempo en que perdió una pierna en un accidente de moto. Cuando fuera el accidente, mi abuelo, que en paz descanse, lo llevó a una clinica de la coruña* de aquellas no había sanidad publica; habló con el cirujano, y llegó a ofrecerle cartones de güinston gratis, para él y toda la clinica, para que hicieran todo lo posible para arreglarle la pierna. Pero mi tio había tenido la desgracia de esmagar de nuevo la pierna triturada, que llevaba escayolada de un accidente de moto anterior; era vicio que tenía de joven con las motos. Mi tio, cuando cuenta lo del accidente siempre bromea diciendo " si hubiera llevado la pierna envuelta en cemento armado..." .
 Debajo de una frondosa barba, de la que le viene el mote, mi tio esconde una sonrisa de niño pillo, y solo asoma de su cara una mirada afectuosa que encaramelaba a las mujeres, de tal manera que se derretían por ser abrazado por él. 
 * Para aclararse, hoy me levanté con un ataque de vagancia y dije: " por lo menos voy mover los dedos" y hasta estoy dispuesta a contar alguna cosilla de más. - El erizo es uno de los del clan de la batea, el otro, cienfuegos, es el hermano mayor y mi madre, "la madrina" es la pequeña. Que el erizo es el mejor piloto de planeadora de las rias bajas, es un secreto a voces, porque aunque le falte una pierna, con su cadera sentada sobre la piena ortopedica, se las arregla increiblemente para conservar el equilibrió. Y por mucho que dé vueltas el oleaje, donde otros marinos se marean y acaban cayendo, él es capaz de mantenerse en equilibrio. Pero mi tio jamás ha sido pillado encima de alguna planeadora, a pesar de haber sido vigilado y acosado por la guardía civil, lo más que se le tiene visto es en alguna barca para pasear a la virgen, por la ria , en el día de la patrona de los marineros. Esta tarde habían estado juntos, incluido el erizo, trabajando en el astillero que tenían escondido por la arboleda, en el comienzo de la ria. Cuando llegó el furgo a recogerlos, el herrero, que parecía un cangrejo ermitaño, con su brazo derecho de popeye de golpear en el yunque, señalaba con el dedo de su abultada mano a la embarcación sumergible que estaban rematando de construir. Y después de instalar los motores, explicaba como habían montado, para entrar a la embarcación, dos escotillas en el techo, una para las personas y otra más grande para introducir la mercancia en un compartimento estanco que podría ser inundado, por estar separado de la tripulación. Al terminar el herrero, la rusa y los de la batea, aprovechando la llegada del furgo, empezaron a deliberar sobre quien sería el intrepido navegante que pilotaría la embarcación, hasta que finalmente llegaron a la conclusión de que el sisa sería la persona idonea. Los lectores, hasta aquí, se habrán percatado que el sisa era una especie de cobaya que participaba en todos los experimentos que se nos ocurrían. Si alguien era la persona idonea para señalar en la pasteleria con el dedo en el interior de la vitrina, diciendo: - ¡ hay una mosca muerta en la nata! - , y después salir corriendo perseguido por la pastelera, esa persona era el sisa. Nosotros quedabamos escondidos mirando cuanto tiempo tardaba la pastelera en pillarlo y darle un tirón de orejas. El sisa cada dia corría más.
 Si alguien era la persona idonea para pilotar una carrilana* coche de manera, cuesta abajo, para despues caer al mar en el puerto y casi ahogarse por el golpe recibido, al caerle encima la carrilana en el agua, era el sisa. - Menos mal, que de aquellas el erizo aun tenía dos piernas para nadar y lo salvó de ahogarse - . Si alguien tenía que tirarse, con un paraguas como improvisado paracaidas, desde un tejado, " despues de ver volar una estirada con un paraguas en una pelicula para niños " esa persona era el sisa. - Menos mal que no fue de un tejado, sino de un manzano, y todo quedó en un buena culada `para todos. A los demás nos dieron una buena azotaina para contentarnos y nos dolió igual, o parecido. Y, el sisa iba ser el grumete que capitanearia el submarino de nuestros intrepidos armadores. 
 Al llegar el anochecer , nuestros amigos ocultaron su trabajo con unas telas de camuflaje; - aunque el mejor camuflaje eran ellos mismos, porque la gente se procuraba: ni ver, ni oir, ni saber, lo que hacían los de la batea y sus amistades. Fue entonces cuando el erizo convenció al herrero de que le dejara la moto y que bajara con los demás, en la camioneta del furgo. Mientras ellos quedaban recogiendo aún cosas, el erizo se fue marchando en la moto hasta el local de la sagrado, donde se reunirían para tomar algo todos juntos; antes de llegar al destino en moto, en el camino del rio,  se encontró a cinco vacas, capitaneadas por la vaca de los de la labrada, que estaban bloqueando la carretera comarcal. Las vacas venian de pastar y de abrevar en el arroyo, de regreso a sus establos, cuando se habían encontrado con la guardia civil que andaba patrullando, – últimamente estaban amoscados por la escasez de noticias de nuestros amigos, lo que relacionaban con el golpe en el que le habían robado los motores a su planeadora, además de romperles los aparejos de pesca, mientras patrullaban por la ria -, y no se sabía quien había dado el alto a quien. Al verlos, el erizo paró la moto donde estaban los guardias, para decirle al conductor de la patrulla que no le diera bocinazos a las vacas, porque con la vaca rubia y sorda, de los de la labrada, en vez de conseguir que las vacas se moviesen, no iban hacer más que empeorar la situación. Cuando puso el pie en tierra y el erizo iba sacar el bastón que utilizaba para apoyarse, entonces los agentes de la guardia civil , uno extremeño y otro de albacete, que no habían entendido ni papa, con el acento cerrado que les habló el erizo, se le echaron encima tirandolo al suelo, donde lo aporrearon debidamente hasta que dejó de dar gritos y lo esposaron, porque habían creido que el erizo les iba atacar con un sable samurai. Al llegar marcelino con el coche de atestados, que había sido llamado para hacer el informe, cuando recogían el arma descubrieron el error, y entonces comenzaron a deshacerse en disculpas. Entonces, el erizo, magullado, mientras lo levantaban y le quitaban las esposas, viendoles tan cordiales y serviciales, aprovechó para pedirles que le acercaran a la cantina de la sagrado a lo que accedieron gustosamente invitandole a unas rondas para congraciarse con el detenido.
 Y así fue : - ¡ Otra ronda, que paga la guardía civil! - gritaba el erizo, mientras todos los presentes le coreaban : - ¡ viva el erizo y la benemerita!.

lunes, 15 de octubre de 2012

Seguimos contando 1

Es jueves y es día de feria en el pueblo.
Los puestos se organizan a lo largo del paseo del río, bajo la sombra de unos plataneros que custodian sus márgenes y dan sombra al caminante durante su recorrido.
A uno y otro lado del puesto se movían las vendedoras. Eran madre e hija. En el puesto hay ropa variada de mujeres donde revuelven las clientas apretujadas en busca de su compra. Las vendedoras iban dando voces para atraer la atención de la gente que pasaba por el estrecho camino que había entre los puestos
-¡ A cinco y a dos euros, ahora, a los cinco y a los dos euricos señora !
- ¡ A ver , los tanga de maría, a cinco y a dos euricos la camiseta !
Enfrente, separados por un estrecho espacio, la competencia grita:
- ¡ Venga nena a cinco euros el camisón y el pijama!
- A ver guapas aprovechar ahora !
- Tenéis cosas muy buenas hoy-, se oye una voz más allá.
-Cinco euros la camiseta y a veinticinco euros la chaqueta
-¡ Venga nenas camisetas de temporada !

Los puestos estaban colocados de tal manera que la gente podía caminar como el agua por los meandros del río, coincidiendo al final la entrada con la salida obligando así al caminante a pasar por todos los puestos.
- Un euro un euro un euroooooooooooooooo ehhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.
-¡ Aquí a dos , a dos euricos , Eh chicas aquí, tenéis toallicas
Iban señalando las anunciantes de viva voz los montones de ropa mientras daban sus gritos.

Como en la rama dorada podríase hacer un estudio de las familias de las personas que se reunían para vender en la feria y todo ello solo con sus voces .
Fuera del circuito de los puestos se podía ir caminando bajo una arboleda de plataneros pero los gritos seguían a los transeúntes
-! A ver que vendo barato, eh !
-¡ lo que no hay aquí lo hay allí !
Y los gritos subían al cielo en unísono de un improvisado coro
¡ A dos euricos, todo a dos euricos , solo a dos euricos !
El paseo termina en el puente y después de cruzar se llegaba a la carretera antigua que se dirigía a la coruña.

Y mientras esperaba a que llegase mi madre de hacer el recorrido de los puestos, llegue a esa consciencia momentánea, que nos despierta haciéndonos algo aparte sobre todas las cosas con las que vivimos, y me dí cuenta que toda la historia empezó cuando tuve un buen final.


Ya se sabía la noticia de los altavoces de la iglesia y las sospechas iban en varios direcciones, algunas contrarias. Era como un juego de apuestas, donde el premio era el ser oído en las tertulias.
Pero la noticia más popular de las que circularon ese día, compitiendo con chascarrillos picantes.
La vaca de los de la labrada, sorda y teimuda * testaruda , no había manera de conseguir que dejara acercarse ningún toro, por muy semental que fuera. porque la vaca era tan bruta que a los ojos de los profanos diríase que ella misma parecía un buey .
La vaca podría competir con los bueyes de tiro a llevar carga, a tirar de las raíces de los troncos, o a arrastrar troncos con el buey más pintado. Pero esos concursos eran muy cerrados y machistas, y para nada querían sus machistas patrocinadores dejar participar a una vaca a pesar de que los bueyes fueran toros castrados.

El abuelo de los de la labrada decidido a tener una buena descendencia de su animalito, después de fracasar con el intento de que la montara un semental, porque los toros, acostumbrados a llevar una vida apacible de comer y sembrar su semilla se arrinconaban horrorizados en el corral, llamó al veterinario para inseminarla, pero la vaca al levantarle este el rabo para meterle el tubito le arreó una patada con su pierna trasera ... " mismísimos"

martes, 9 de octubre de 2012

El encierro, en el ayuntamiento, de marise


Cuando la concejala aún no era la concejala, se llamaba marisa. Marisa era una de esas mujeres menuditas, nerviosas, cargada de vida, que siempre estaba pendientes de agradar a todo el mundo y buscar su felicidad - hasta que cambió. De niña era la primera siempre en participar cuando se organizaba una recolecta  de ropa para los necesitados, o para pedir donativos para los pobres o para enviar dinero a los niños de los países subdesarrollados... 
Cuando marchó a la universidad y regresó, la cosa cambió de carácter, entonces organizaba protestas porque pusieran luces en el paseo, o porque hacía falta un pediatra,protestas pidiendo la gratuidad del transporte escolar, o para que abrieran un conservatorio ... claro que con el tiempo la cosa cambió de nuevo y se convertiría en protesta para que no nos quitaran un medico y nos dejasen otro compartido con otro pueblo, para que no suprimiesen dos conserjes ni quitasen la calefacción de los colegios, para que no quitaran la ayuda para libros de familias necesitadas ...

De aquellas, un día marisa me llamó por teléfono y me dijo:- ¿ marise, te acuerdas el manantial de agua del campo del lobo ?, - * se llamaba así en nuestro pueblo, una zona del comunal al monte, donde tiempos antes era uno de los pocos reductos de lobos y otros animales en la comarca.
-¿ Si, que pasa ? - , le respondí
- Bueno, pues lo ha cerrado un alemán que está haciendo un chalet, impidiendo que los vecinos,cuando suben con el ganado al monte, que puedan abrevar sus animales allí.
-¿ Pero como puede ser eso ?- , le pregunte, y marisa me respondió:
- Dicen que el ayuntamiento tenía deudas con él y le han dado un terreno con el manantial en compensación.
- ! Pero si eso es comunal del pueblo de toda la vida ¡- exclamé - ¿ no pueden entregar de las propiedades del ayuntamiento ni reducir gastos ? , que viven a todo tren .
Bueno-, dijo marisa - ¿ tu me ayudarias a movilizar a la gente y organizar una protesta llevando un escrito al ayuntamiento y denunciarlo a la prensa ?
Son las diez de la mañana, los teléfonos habían estado funcionando todo día anterior. Como era una cosa del pueblo estábamos todas unidas. Después de haber bajado en coche y reunirse en una carballeira* robledal donde está el campo de la fiesta, una comitiva de vecinas de nuestro pueblo y de los alrededores, se acercan al ayuntamiento del pueblo.
Llevan pancartas y letreros, que denuncian el uso de terrenos del comunal y el cierre del manantial en el campo del lobo.
Al llegar, los municipales, que ya estaban sobre aviso, se ponen ocupando la entrada del ayuntamiento para impedir el acceso de las vecinas. Después de unas discusiones, las mujeres se instalan con la pancarta en la plaza del pueblo enfrente del ayuntamiento.
Esa mañana hace sol y el sol comienza apretar. Marise que está en una punta de la pancarta tira de ella arrastrando a sus compañeras, para ponerse bajo la sombra que da la pared del edificio del ayuntamiento. Los municipales no las quieren dejar arrimarse a la pared buscando cobijo, porque pretenden que el calor disperse a las mujeres, pero sus esfuerzos son inútiles. Y cuando se dan cuenta, son ellos los que están en medio de la plaza, enfrente del ayuntamiento, con las mujeres y la pancarta impidiendo la entrada en el ayuntamiento.
De repente, ante la perplejidad de los agentes, como si fuese el agua que desaparece por el desagüe de un fregadero, la masa de mujeres comienza a disminuir hasta que finalmente la entrada del ayuntamiento se traga también la pancarta y las personas que la sujetaban. Han tomado el ayuntamiento.

Los municipales llaman por teléfono para informar al alcalde, que al oir los gritos de las mujeres al entrar, en ese momento está huyendo por la parte detrás del consistorio para evitar a las manifestantes.

Las mujeres han tomado posiciones en el vestíbulo del ayuntamiento donde están todas reunidas y como tenían tramado comienzan un encierro de protesta por el cierre del manantial del monte del lobo. Mientras tanto Marisa y marise se dirigen al despacho del alcalde, en la planta superior del edificio, para entregar un escrito de protesta, con las firmas recogidas de los vecinos del pueblo. Como no está preguntan por el secretario del ayuntamiento, un funcionario les dice que el secretario a pedido el día libre y cuando quieren darle entrada al escrito de denuncia al ayuntamiento , les dicen que el sello del registro de entrada ha desaparecido. Discuten hasta que finalmente el registro es aceptado por el funcionario que escribe el recibí a tal de tal del taltal, a mano, comprometiéndose a darle entrada cuando aparezca el sello de registro, porque una de las encerradas era su mujer y fue duramente amenazado.
Después, nuestras heroínas regresan al vestíbulo y luego de informar a las manifestadas, se ponen en contacto telefónico con los medios de comunicación quienes le prometen venir hacer unas fotos si dan encontrado el lugar.
Ahora, como tenían previsto, se sientan y continua su encierro de protesta esperando ser desalojadas pronto del consistorio por las fuerzas del orden locales.
Ya son las dos del mediodía y las mujeres comienzan a estar intranquilas porque esperaban ser expulsadas del ayuntamiento antes de la hora de comer
Una de las encerradas pregunta a marise: - ¿ y no nos expulsaran ya ?, porque yo dejé la ropa en la lavadora y cuando llegue va estar toda arrugada.

Como ya es la hora de comer se encargan bocadillos para cada una, pero cuando tardan en llegar descubren que el pedido ha sido interceptado en la entrada por los agentes municipales; y para que no puedan introducir los bocadillos a las insurrectas, al interior del edificio, los municipales se hayan apostados custodiando las ventanas, para que no puedan entrar por ahí los bocadillos.
Hablan con representantes de la oposición si pudieran pasar los bocadillos al acceder a sus locales en el consistorio, pero ninguno de ellos accede, total también ellos han votado el acuerdo del alemán.* yo no digo que los representantes de los partidos no sean dignos para votar pero si que los que han participado en acuerdos ruinosos para los intereses de los ciudadanos, excusan de volver presentarse por su partido político.
Finalmente la señora que viene hacer la limpieza por la tarde les entra la bolsa con los bocadillos.
Se saluda con agradecimiento la llegada de la bolsa y se reparten los bocadillos. Un silencio se hace en el vestíbulo mientras se comen con avidez. Al acabar, una de las encerradas pregunta si se puede pedir otro bocadillo. Todas se ríen, Es una risa sardónica, como la del que se levanta riéndose con todos los que se ríen de él, después de tropezar y caer, porque ya daban las cuatro y contaban que la policía les echaría del ayuntamiento en seguida y podrían estar de regreso en sus casas a las dos para comer.
Marise pregunta a su amiga Marisa si tendrán para mucho tiempo y esta preocupada le responde :
- No sé marise, estos son tan ruines que no sé si no nos dejaran que quedemos encerradas todas aquí hasta mañana.

Son las seis de la tarde. El alcalde aparece con su coche, aparcando al lado del ayuntamiento, del que baja su mujer que le venía riñendo. Al bajar del coche la mujer se dirige al ayuntamiento increpando a los municipales, y a las encerradas para que se vayan del ayuntamiento.
Ya en el interior los municipales al ver entrar a la mujer del alcalde gritando y amenazando, y temiendo que se desatase la furia de las presentes contra ella, hacen una cadena humana enfrente de las mujeres encerradas en el vestíbulo mientras la mujer del alcalde, indignada con los municipales. les comienza a gritar.
- A mi, a mi, me tenéis que rodear a mi ... para que no les pegue.
Cuando todo se tranquilizó, finalmente se logra un acuerdo, para que la limpiadora pudiera hacer su trabajo, y las mujeres que realizaban el encierro son desalojadas voluntariamente del ayuntamiento.
Fuera, en la calle, los familiares que esperaban a sus mujeres, algunos transeúntes curiosos y las gaviotas que volaban esa tarde victoriosa sobre el cielo, les hacen coro dando gritos de jubilo mientras van saliendo. Orgullosas todas se sienten hermanadas después de la jornada.
Ya cuando regresan en sus coches para sus casas, de repente el coche que va delante del vehículo de marise, se para y pone las luces de emergencia.
Marise detiene su coche, y detrás se paran otros dos vehículos de la dispersa comitiva de regreso.
Alguien baja del coche de delante y se acerca al auto de marise. Marise baja la ventanilla para escuchar lo que le vienen a decir : - ! Marise, me he dejado el bolso dentro del ayuntamiento ¡.


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Ensayo sobre la novela de Adelaida

 Ensayo, sobre la novela de Adelaida. Adelaida quería ser monjita evangelizadora en el amazonas y cuando en el colegio de hermanas rel...